Memorias Mientras tanto

A 50 años del 68: una visión cultural

Medio siglo después, un repaso por los sucesos de una generación que quiso cambiar el mundo

 

La llamada `generación del 68´ representada por los hijos nacidos en la posguerra rompió con el conformismo pequeñoburgués de los años cincuenta y sesenta, cuando el crecimiento económico y las ideas conservadoras, con su peculiar estilo de vida, se encontraba en pleno apogeo. Buscó formas de vida alternativas, transitó nuevas vías para el descubrimiento individual de su personalidad e intentó revolucionarlo todo: la economía, la sociedad, el arte, la música, la moral, la sexualidad.

1968 es el año con el que se define a toda una generación, fue un acontecimiento global, fundacional e histórico, marcado por las revueltas estudiantiles en las calles de California, París, Ciudad de México o Berlín. El historiador alemán Götz Aly considera que la generación del 68 estuvo influenciada por las ideas que se distinguían entre amigos y enemigos. Eran tiempos de la Guerra Fría cuando el mundo estaba claramente dividido entre el bloque capitalista y el comunista. “Distinguíamos enérgicamente entre los actores que considerábamos buenos y los malos. Pero debe decirse también que muchos nos embanderábamos detrás de visiones del mundo totalitarias”, señala Aly.

A 50 años de un movimiento mítico

La juventud estadounidense primero, con los movimientos en favor de los derechos civiles y la californiana más tarde, incubó y proyectó desde San Francisco y Berkeley, nociones hasta entonces desconocidas de cómo explorar y vivenciar la libertad. Aparecieron los hippies, con sus peculiares formas de entender el individualismo, llamadas “happenings”. Se empezó a violar las reglas. La homosexualidad estaba prohibida, las mujeres no estaban incorporadas al mundo laboral y, en algunos países, necesitaban la autorización de sus maridos para ejercer su derecho al voto. El término “igualdad de derechos”, sencillamente no existía, y la liberación sexual, que por entonces alcanzó máxima popularidad, fue más que nada una diversión masculina.

El movimiento del 68 tuvo en los hombres a sus protagonistas excluyentes. Los anticonceptivos ya se habían inventado, pero obtener una receta era más que una odisea para la mayoría de las mujeres. En las escuelas se educaba según normas y códigos en los que el respeto a la autoridad era la premisa más importante. La cosmovisión machista prevalecía en todos los ámbitos: imposible imaginar que hace cincuenta años el hombre ayudara en las tareas domésticas o en la crianza de sus hijos.

En el mundo de la moda se impusieron la minifalda, los pantalones anchos, las parkas, las chaquetas de cuero, las barbas tupidas y los pelos largos, inmortalizados en la primera comedia musical de la historia, “Hair”, que llevó a los escenarios de Broadway y el mundo todos los lemas de la cultura hippie, como la libertad sexual, la paz en el mundo, el llamado “flower power” o el consumo de drogas. La consigna del momento era consumar la ruptura con el establishment de la manera más insolente y desprejuiciada posible.

Los Beatles fueron los primeros en incorporar y masificar el mensaje de esos tiempos

Encuéntrate a ti mismo: ese fue uno de los principales lemas que abanderaron los sesentayochistas. Buscaban formas alternativas de vida, y en la espiritualidad oriental descubrieron una respuesta posible. Lo que hoy conocemos como “relax” o “chillen” no es otra cosa que la visión que tenían los hippies hace ya cincuenta años, de lo que entendían como el disfrute a pleno de la vida. Los Beatles fueron los primeros en incorporar y masificar el mensaje de esos tiempos, con los viajes que su guitarrista George Harrison hizo a la India, y la boda que contrajo el cantante y compositor John Lennon con la japonesa Yoko Ono. Fue entonces cuando Occidente descubrió el Hare Krishna y otros movimientos religiosos hinduistas. En el contexto de esa misma búsqueda de paz interior y protesta contra los valores establecidos, apareció el consumo de drogas. Por entonces las predilectas eran la marihuana y el LSD.

Musicalmente hablando, fueron épocas en las que aparecieron los primeros cantantes de protesta en los Estados Unidos. Joan Baez, Bob Dylan con sus furiosas críticas contra la guerra de Vietnam. El guitarrista Jimi Hendrix, el cantante Jim Morrison, los grupos The Doors o The Who y Frank Zappa fueron otros ídolos que despejaron el camino al nacimiento del pop comercial que comenzó a imponerse en la década de los setenta. A nivel musical, la generación del 68 fue tremendamente creativa. La juventud se dividía entre ser fan de Los Beatles o de los Rolling Stones. De la mano de ellos surgieron en muchos países las primeras bandas nacionales. Se empezó a hablar de “rock nacional” interpretado en otras lenguas que no fuera el inglés. Las canciones de protesta inicialmente popularizadas en los Estados Unidos también fueron introducidas a los repertorios nacionales por cantautores locales en sus respectivos idiomas. Folcloristas como los argentinos Atahualpa Yupanqui o Mercedes Sosa fueron también hijos de aquellos años. De repente, las hit parade en todo el mundo empezaron a ser conquistadas por temas con contenidos sociales y políticos.

Como no podía ser de otra manera, los vientos de cambio también se enraizaron en el cine con figuras como el director francés Jean Luc Godard o el también director italiano Bernardo Bertolucci, el teatro y la filosofía. El pensamiento antisistema se apoderó de los debates con las figuras protagónicas de los franceses Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Fue la gran hora que vivieron los intelectuales, como Herbert Marcuse, y los filósofos que le imprimieron a los acontecimientos del 68 una dialéctica propia. Hubo consignas que sobreviven aún hoy como: “La imaginación al poder”, “prohibido prohibir”, “Seamos realistas y pidamos lo imposible”, o “La cultura es la inversión de la vida”, ideadas por los estudiantes de la Universidad parisina de La Sorbonne. En el arte dejó una impronta muy importante, ya que los artistas ganaron la calle a partir del 68. La politización llegó también al colectivo de los artistas, que resumieron su dilema de la época con la consigna: “la revolución en el arte o el arte para la revolución”. La crítica contra el autoritarismo y el capitalismo se trasladó también al celuloide y las tablas. El alemán Bertolt Brecht se convirtió en uno de los autores teatrales más representados por sus posiciones políticas.

Políticamente, el movimiento estudiantil del 68 se atomizó enseguida sin dejar herederos que sobrevivieran en el tiempo, aunque las visiones utópicas de la época con frases como “ningún poder para nadie” aún permanecen vivas en la memoria de la gente. En Ciudad de México, las revueltas en la Plaza de las Tres Culturas dejaron un saldo de entre 200 a 300 fusilados sin orden judicial en el marco de la llamada Matanza de Tlatelolco. También están las figuras icónicas de esos tiempos, destacando al Che Guevara y Ho chi Minh entre los baluartes. Sin embargo, muchos movimientos y organizaciones sociales como Greenpeace, el partido ecologista alemán o las comunas y comunidades, como formas de vida alternativa por citar apenas a estos ejemplos, se inspiraron en las revueltas de 1968. El movimiento feminista con su vibrante promotora, la feminista antiracista estadunidense Angela Davis, vio la luz por esos años al igual que los movimientos de liberación homosexual. El pastor estadounidense y Premio Nobel de la Paz 1964 Martin Luther King, se encontraba tan activo como siempre en su fervorosa lucha en favor de los derechos civiles para los afroamericanos, cuando el 4 de abril de 1968 fue asesinado en la ciudad de Memphis.

¿Qué queda del movimiento del 68? ¿Cuál es su herencia? Las opiniones están divididas. Ni la revolución llegó al poder ni la guerra cedió a una paz universal y duradera. Pero no caben dudas de que esos meses plantaron la semilla para la consolidación definitiva de los derechos de la mujer, el protagonismo de la sociedad civil o la irrupción de los sindicatos en la vida política de las naciones. El filósofo y sociólogo francés Edgar Morin definió ese momento histórico con la afirmación de que “fue más que una simple protesta, pero menos que una revolución”. Coincide, en otras palabras, con uno de los protagonistas del mayo francés, Daniel Cohn-Bendit, también conocido como Dany el Rojo, en cuya opinión con el movimiento del 68 cambió todo pero no cambió nada.

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Periodista. Autor del libro “JORGE: encuentros con alguien que no quería ser Papa”, biografía del papa Francisco editado en alemán. Nació en Argentina pero vivió la mayor parte de su vida en Alemania, donde trabajó durante muchos años para la Deutsche Welle, entre otros medios importantes de Europa. Trabajó como traductor e integró el departamento de medios de AFA (Asociación de Fútbol Argentino). Amante de la radio y de la cultura europea. Y aunque no le gusta que lo mencionen, obtuvo un Martín Fierro como mejor corresponsal de radio, cubriendo la caída del Muro de Berlín.