Placeres

Café Tortoni, un refugio para la memoria

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El turista advertido o desprevenido de la existencia del bar más antiguo de Buenos Aires, con ganas de un “cafecito” entrará al gran Café Tortoni, emplazado en el número 825 de la Avenida de Mayo. Tal vez ahí, se sentará en uno de los sillones de roble viejo y cuero rojo, en una mesa circular de mármol veteado en verde y blanco, hecha de la misma madera que los asientos. Recorrerá el interior del lugar. Descubrirá la belleza perpetua en el tiempo, los retratos y dedicatorias de grandes figuras que le aportaron su pasión al viejo Tortoni. Identificará la idea del reconocido artista plástico Benito Quinquela Martín, de abrir una peña en la bodega de vinos, esencial para compartir amaneceres y atardeceres. Como los momentos de Jorge Luis Borges, Carlos Gardel y Alfonsina Storni, que en un rincón, sus estatuas en tamaño natural recrean en una mesa la escena de la amistad.

El viajero o el originario de la ciudad se verá rodeado de las finas y mudas boiseries que cubren las paredes, de dibujos y pinturas históricas originales de Quinquela Martín y Aldo Serevi. Sus caras se reflejarán en los espejos y en los ojos de la gente que fotografía el lugar (más extranjeros que porteños). Observarán los pintorescos techos de vitraux, los elegantes colgantes de iluminación y las trece columnas de gran altura; arquitectura que perdura y habla del pasado de un café tan presente, que conserva la decoración de sus primeros años, pero que los tiempos y asistentes son otros.
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“En este café se siente la nostalgia de grandes personajes”, dice Alejandro, un virtuoso que pinta con sutileza alguna escena en una cartulina, mientras ofrece sus dibujos autografiados en $150 y $300. Hay tantas obras que adornan las paredes viejas y cansadas, una demasía de dedicatorias de grandes personajes que dejaron su semblanza. Cualquier persona que no haya cruzado las puertas del Tortoni, solo intuirá conocer la  historia de un museo que protege la memoria cultural. Porque no podrá, además, deleitarse con el aroma del memorable chocolate con churros, la delicia de la sidra tirada, sus cafés fríos o con el té del atardecer. No logrará identificar el paradigma histórico y testimonial de este espacio, donde parece que el tiempo se hubiera detenido. Una gama variada de libros, copas, tazas y llaveros hacen que los recuerdos sigan presentes. Y es que “El Tortoni” cuenta con 157 años de existencia. De la genialidad de un francés llamado Jean Touan surge el Café Tortoni en 1858 en la esquina de Rivadavia y Esmeralda. Por aquel entonces la leche merengada, el helado de leche y el chocolate con churros eran las sugerencias más solicitadas del local. El legendario bar no ha cambiado de nombre, a pesar de cambiar de manos. Según cuenta la historia, Touan adoptaría el nombre de un establecimiento francés sobre Boulevard des Italiens, un café para la elite de la cultura parisina del siglo XIX.

“Bienvenidos a Tortoni”, dice un mayordomo que aguarda en la puerta a las personas que ingresan al café, y también a las que afuera forman una fila mientras una mesa se desocupa. Todos tienen el derecho y la obligación de conocer la historia del Café Tortoni, no solo porque efectivamente la ciudad lo reconoce como un testimonio de la memoria ciudadana, por mantener su originalidad, sino también porque guarda la historia intacta de quienes la escribieron.

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Periodista formado en Tea y Deportea. Elegí el periodismo como una manera de cumplir con aquello de: “querer cambiar el mundo”. Y descubrí el periodismo cuando entendí que las personas no son fuentes sino voces que deberían ser escuchadas. Creo en el periodismo que transforma, que hace el bien y que genera interés en querer entender ese mismo mundo. Creo que hay historias que deberían ser contadas y que no tienen el espacio. Creo en el periodismo con una mirada constructiva que también sepa escuchar la voz del lector y que invite a su participación. Creo en la búsqueda de ser mejor, no en la de ser el mejor. Colaboré en Diario Publicable, Blasting News, El Lado G, Verum News y Lamula. Lector. Devoto del café. Impaciente. Confiado. Hincha del más grande. Y más.