Mientras tanto

Cuando las noticias falsas matan

Muy rara vez se piensa que, en lo social, la difusión de noticias falsas puede tener efectos devastadores.

Tras varios meses de trabajo, la justicia estadunidense consiguió demostrar que Rusia trató de interferir en la campaña electoral de 2016 que llevó a Donald Trump a la Casa Blanca a partir de la difusión de noticias falsas . Ejércitos de trolls ubicados en la ciudad de San Petersburgo  financiados por el gobierno de Moscú hackearon cuentas de correo electrónico, robaron números de documentos y de la seguridad social, se hicieron pasar por ciudadanos de ese país para manipular y filtrar las redes sociales inventando noticias falsas que desprestigiaran a la candidata demócrata Hillary Clinton. 125 millones de usuarios de la red social Facebook fueron alcanzados por la influencia rusa. Google y Twitter, al igual que Facebook, admitieron que agentes rusos intentaron interferir en la última campaña presidencial desparramando mensajes maliciosos, conocidos en la jerga como propaganda de precisión, a través de sus plataformas.

El incidente ruso tiende a ocultar que en el caso de la tecnología utilizada desde San Petersburgo se trata, en esencia, de herramientas de publicidad y marketing estándar capaces de ser adaptadas a cualquier otra campaña de desinformación operada por algún otro actor. En los Estados Unidos, las principales campañas de desinformación provienen de actores domésticos, revelaba un estudio de cuatro autores publicado en el “Columbia Journalism Review  el 3 de marzo de 2017.

Estos días, durante un encuentro de periodismo organizado por el prestigioso matutino brasileño Folha de Sao Paulo, el fundador de la empresa de análisis de datos Bites, especializada en el ámbito digital, dijo que “será imposible combatir las noticias falsas en las elecciones brasileñas por celebrarse en octubre próximo en Brasil. Será una carnicería”, manifestó Manoel Fernandes. “Ya hay gente trabajando en perfiles falsos con inteligencia artificial para impedir la identificación”, añadió.

“Me dirijo a aquellos que estén pensando en intentar influir sobre el resultado de las elecciones en nuestro país para decirles que se queden al margen”.

Stefan Löfven

 

En un artículo que publicó el 22 de febrero último el diario “The Washington Post se expresa que las autoridades suecas llevan tiempo tomando precauciones para impedir que algún tipo de influencia extranjera de hackeo, similar a la empleada en los Estados Unidos, pueda interferir las elecciones generales previstas para el 9 de septiembre venidero. El primer ministro sueco Stefan Löfven fue explícito en ese sentido, cuando en enero pasado declaró ante una conferencia anual de seguridad: “Me dirijo a aquéllos que estén pensando en intentar influir sobre el resultado de las elecciones en nuestro país para decirles que se queden al margen”.

 

Mario Balderrama

Las investigaciones sobre las consecuencias que tiene la difusión de fake news a través de las redes sociales se han concentrado hasta ahora en los efectos políticos y económicos. Muy rara vez se piensa que en lo social, la difusión de noticias falsas puede tener efectos devastadores. El matutino “Neue Zürcher Zeitung” de la ciudad suiza de Zurich analiza sus efectos en la República Centroafricana, uno de los países más pobres del planeta con un índice de analfabetismo del 70 por ciento, visitado en noviembre del 2015 por el Papa Francisco, y donde hasta hace un año atrás ni siquiera la oficina del presidente contaba con una conexión de Internet.  Allí se fundó en el año 2000, financiada por la fundación suiza sin fines de lucro Hirondelle, la estación de radio Ndeke Luka, el medio de comunicación más popular del país. El redactor en jefe de la emisora, Hyppolyte Marboua, citado en el artículo del diario helvético, señala que la difusión de noticias falsas en República Centroafricana, donde nadie cree en las instituciones, puede generar tal pánico entre la población, que los enfrentamientos armados con varios muertos es algo normal.

El matutino suizo, conocido por su rigor periodístico, menciona sin citar por su nombre a un representante de la Cruz Roja Internacional quien levantado el teléfono celular que tiene en su mano exclama ante el reportero: “Esta es aquí la peor arma, más peligrosa aún que una granada, ya que los analfabetos tienen por costumbre creer en todo lo que esté escrito. Frecuentemente basta con que se les diga que tal o cual cosa fue leída en Facebook o Twitter, para que estalle un conflicto étnico.”

Otro ejemplo sobre las fatales consecuencias que tiene la difusión de noticias falsas en uno, según el Banco Mundial en su último informe, de los diez países más pobres del mundo, sumido en permanentes conflictos armados entre los movimientos rebeldes y las tropas que responden a los gobiernos que se van sucediendo, son las noticias sobre desarmes inexistentes de las fuerzas rebeldes. Siempre que un grupo armado parece decidido a deponer las armas, las fuerzas adversarias lanzan el rumor de que habría aparecido un depósito secreto de armas para sabotear la acción de desarme.

La difusión de noticias falsas en vísperas de una campaña de vacunación, por ejemplo cuando “alguien” afirma que el suero en realidad es veneno, tiene efectos trágicos sobre la diezmada población centroafricana. Vale la pena también reflexionar y focalizarse sobre las noticias falsas que matan. Sus efectos son inmediatos y desoladores y no constituyen en absoluto un privilegio de la olvidada República Centroafricana.

✉ COMENTARIOS

LEAVE A RESPONSE

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Periodista. Autor del libro “JORGE: encuentros con alguien que no quería ser Papa”, biografía del papa Francisco editado en alemán. Nació en Argentina pero vivió la mayor parte de su vida en Alemania, donde trabajó durante muchos años para la Deutsche Welle, entre otros medios importantes de Europa. Trabajó como traductor e integró el departamento de medios de AFA (Asociación de Fútbol Argentino). Amante de la radio y de la cultura europea. Y aunque no le gusta que lo mencionen, obtuvo un Martín Fierro como mejor corresponsal de radio, cubriendo la caída del Muro de Berlín.