Placeres

Cuando la muerte acecha a través del placer

El terror quizá sea el género más amado y puede que el más odiado también, que cualquier otro. Además del miedo, hay otro elemento común que se asocia prolíficamente en las cintas de este tipo de cine, para que la mirada esté dispuesta a creer lo que ve: el sexo. Pero en It Follows no hay miedo, sí, escenas de sexo y desencanto entre jóvenes en ausencia de sus padres.

Robert Eggers, en The Witch muestra una historia de amor, un drama metafísico familiar sobre la fe, que pretende ser un cuento de espanto, pero que lejos de causar miedo, provoca curiosidad y preocupación.

Pues bien, al igual que The Witch, la película de David Robert Mitchell, It Follows, ambiciona también a esa idea cinematográfica desde la primera secuencia: ser una buena película de terror.

En el film, que no tiene un desenlace, como tantas de este género, el sexo se vuelve un acto de sacrificio y una maldición. El guión convoca elementos que adhieren a clásicos como Halloween de John Carpenter, Viernes 13 de Sean S.Cunningham o La Matanza de Texas de Tobe Hopee por sus escenas donde el monstruo acecha a su víctima en ambientes entre los suburbios y un barrio solitario donde pareciera que nunca pasa nada.

La naturaleza paranormal de ese “algo” que solo es visto por su víctima, logra instalar el suspenso en los espectadores. Mitchell maneja muy bien el clima y el ritmo de la cinta, para que el interés del espectador no decaiga en la paranoia ante la incertidumbre por saber cuándo será la próxima vez en que el mal -que nos remite a fantasmas y zombis- vuelva a aparecer.

El argumento de It Follows es muy básico y no muestra algo nuevo en este arte, pero entretiene. Su protagonista, Jay, la “condenada”, encarnada por Maika Monroe -una chica virginal a la que sus amigos desean con lujuria- es la víctima de una maldición. La maldición es transmitida sexualmente, y es algo que cambia de apariencia, la vigila y es invisible para los demás. Va tras ella, lentamente, paso a paso, de forma inevitable.

La idea es que, una cosa que parece un fantasma asesino persigue a su víctima y, se transmite como un virus de transmisión sexual. Atemoriza y al mismo tiempo es asimilada por el subconsciente de los personajes como algo que se lo puede combatir.

Pareciera que solo se puede revertir teniendo sexo con alguien más. Sin dudas, pensar en el chico al que Jay apenas conoce y tiene relaciones sexuales, como un ser despiadado portador del VIH que busca infectar de su enfermedad para salvarse y que luego ella consiga sobrevivir. Ni ella ni él son los malos, pero el mal los persigue.

Un pensamiento absurdo en una historia de cualquier otro género, mas no en una de terror. Aunque si tendríamos que clasificarla en algún lugar no es precisamente como una propuesta de horror sino más bien como a una película de psicoanálisis.

El guión refleja también problemas sociales como el abandono por parte de los adultos, la falta de comunicación familiar, el miedo al enamoramiento. Pone al sexo en el lugar menos placentero, prohibido y como una amenaza de muerte, pero al mismo tiempo como una salida de salvación.

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It Follows, en sí mismo, tiene un valor ambiguo que deja muchas dudas a lo largo de la trama y sobre la temporalidad, con una mezcla de cine contemporáneo y anacrónico que se asemeja por momentos a las décadas de los setentas, ochentas y a la actualidad, por sus objetos utilizados: como ropas, autos y sus escenarios.

Para el espectador resulta un poco complejo analizarla desde el campo filosófico, por la doble dimensión visual que muestra. A la vez despierta un interés por querer entender ciertas cuestiones abstractas de definición: por ejemplo, los fantasmas que aparecen y que no se saben de dónde, o, cuál es el origen de dicha maldición que tanto perturba a sus personajes. Pero eso quizá sea lo que menos importe a la hora de sumergirse en los trastornos emocionales de una chica que pareciera estar desequilibrada.

En definitiva y al igual que en The Myth of the American Sleepover, Mitchell vuelve a reflejar el paso de la adolescencia a la etapa adulta y el descubrimiento de la sexualidad como una experiencia que se presenta llena de peligros. Pero esta vez, la promiscuidad tendrá una sensación de reflexión dentro de esta historia como una línea paranormal que acerca lentamente a la muerte.

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Periodista formado en Tea y Deportea. Elegí el periodismo como una manera de cumplir con aquello de: “querer cambiar el mundo”. Y descubrí el periodismo cuando entendí que las personas no son fuentes sino voces que deberían ser escuchadas. Creo en el periodismo que transforma, que hace el bien y que genera interés en querer entender ese mismo mundo. Creo que hay historias que deberían ser contadas y que no tienen el espacio. Creo en el periodismo con una mirada constructiva que también sepa escuchar la voz del lector y que invite a su participación. Creo en la búsqueda de ser mejor, no en la de ser el mejor. Colaboré en Diario Publicable, Blasting News, El Lado G, Verum News y Lamula. Lector. Devoto del café. Impaciente. Confiado. Hincha del más grande. Y más.