Columna

El debate de la (des)igualdad

Hace algunos años, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner tuvo el polémico desplante de afirmar a través de una cadena de radio y televisión que en Alemania había más pobres que en Argentina. Entretanto, sabemos que el Instituto de Estadísticas y Censos (INDEC) considera pobre al 30 por ciento de la población en nuestro país. Y que el presidente Mauricio Macri, al asumir el poder, prometió la “Pobreza Cero”.

Para abordar el tema, según elc sociólogo Agustín Salvia, quien preside el Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), puede entenderse por pobreza la insatisfacción de necesidades básicas, la privación de un estado de vida socialmente aceptable, o la falta de capacidades para alcanzar funcionamientos básicos.

Los países de la Comunidad Europea definen a la pobreza con mayor precisión. Pobre o socialmente excluido es considerado aquél que su ingreso sea inferior al 60 por ciento del salario medio nacional, cuyo hogar se caracterice por privaciones considerables (por ejemplo no poder pagar un alquiler, una hipoteca o estar impedido de sufragar su propio sustento), o cuando el mismo hogar tenga una capacidad adquisitiva equivalente al 20 por ciento de la media.

Con estos datos sobre la mesa, la agencia europea de Estadísticas Eurostat reveló el 7 de noviembre de 2017, que 13,4 millones de trabajadores europeos, un 17,3 por ciento de la población económicamente activa, corren peligro de convertirse en pobres. El 7,5 por ciento de los europeos deben ajustar sus gastos por no disponer de suficiente dinero. Aproximadamente, el 10,4 por ciento de los europeos vive en un hogar con una mínima capacidad adquisitiva.

Estos números llegan cuando en Europa revive la discusión pública en torno a la desigualdad. Hace cuatro años, el economista francés Thomas Piketty instaló este tema por primera vez con su libro “El Capital en el Siglo XXI“. El lema oficial de Francia que guió a la Revolución Francesa hace más de 200 años, “libertad, fraternidad, igualdad”, revela que en las sociedades occidentales, el concepto de igualdad viene de muy larga data. Sin embargo, hoy como entonces, lo que determinará que una persona goce de un bienestar mayor no será ni su rendimiento ni sus capacidades, sino su origen. Recordemos: según OXFAM, una ONG británica, los ocho hombres más acaudalados del mundo amasan con su fortuna de 426 mil millones de dólares, un patrimonio que equivale apenas a la mitad de lo atesorado por casi cuatro mil millones de pobres alrededor del planeta. Así, la desigualdad continuará fagocitándose a sí misma, porque el número de pobres continúa en constante aumento.

Foto: tapa del libro
Foto: tapa del libro “La Anatomía de la Desigualdad” de Per Molander

El matemático sueco Per Molander reabrió la discusión con su libro “La Anatomía de la Desigualdad”, de muy reciente aparición en algunos mercados europeos. El debate vuelve a cobrar actualidad en el mundo. También en nuestro país, a la luz de que el gabinete ministerial de Mauricio Macri está integrado por algunos de los hombres más ricos del país. Es posible imaginar que personas tan ajenas a las necesidades de un pobre puedan llevar la pobreza a un nivel cero? Molander, uno de los más reconocidos investigadores sobre la desigualdad, que también asesora a organismos internacionales y gobiernos y está políticamente comprometido con la socialdemocracia, señala en su libro que cuanto mas desigual sea una sociedad, mayor será la desconfianza hacia ella y en consecuencia su ineficiencia tendrá elevados índices.

A los argentinos, acostumbrados a la ineficiencia de los sistemas de salud o de educación, sin mencionar la existente en el sistema judicial o incluso en la producción de bienes y servicios entre tantos otros, ese paralelismo seguramente nos resulte muy familiar.

¿Cómo empieza la desigualdad? Molander recurre a su profesión de matemático para explicarlo. Si dos individuos deben repartirse una suma de dinero, se la repartirán a partes iguales solo si se trata de personas con los mismos derechos. Caso que uno de los dos sea o se crea más poderoso, aquél se quedará con un importe mayor. Reproduciendo esta realidad a escala de una sociedad, el fuerte acabará quedándose siempre con la parte del león y el débil siempre con menos. El resultado de esta injusticia será una economía de lento crecimiento porque muy pocos atesorarán mucho capital. Esto, a su vez, hará cundir el desánimo entre los pobres que verán cercenadas sus posibilidades de desarrollarse económica y socialamente. Por eso, señala Molander, siempre es saludable para las dos partes que las negociaciones se desarrollen a un mismo nivel. Este es el nudo de la teoría del escritor sueco.

Molander admite que el incremento de la desigualdad aumenta el riesgo de conflictos sociales, aunque reconoce que no existe ningún modelo matemático capaz de predecirlos. Es posible revertir la creciente desigualdad que viene observándose en el mundo desde que hace veinte años se inició la era de la globalización? El matemático cree que aun no es tarde, siempre y cuando los gobiernos nacionales apliquen políticas de estímulo a la salud y la educación, parecidas a las de los países escandinavos durante los últimos ochenta años. En Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia los socialdemócratas encabezaron los gobiernos durante décadas.

En esos países, sin embargo, la socialdemocracia está actualmente de capa caída. Parece que donde el bienestar está equitativamente distribuido, el liberalismo económico también ve una gran posibilidad para expandirse.

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Periodista. Autor del libro “JORGE: encuentros con alguien que no quería ser Papa”, biografía del papa Francisco editado en alemán. Nació en Argentina pero vivió la mayor parte de su vida en Alemania, donde trabajó durante muchos años para la Deutsche Welle, entre otros medios importantes de Europa. Trabajó como traductor e integró el departamento de medios de AFA (Asociación de Fútbol Argentino). Amante de la radio y de la cultura europea. Y aunque no le gusta que lo mencionen, obtuvo un Martín Fierro como mejor corresponsal de radio, cubriendo la caída del Muro de Berlín.