Foto tapa del libro Cuerpos Resplandecientes
Historias

El ángel del milagro

Al acto de la fe se lo conoce como un acto de conocimiento y de confianza. En el cristianismo tal vez es más una experiencia de fidelidad a las enseñanzas y a la aceptación de la vida que tuvo Jesús. Así también, a aquella conquista espiritual que las figuras populares llamados “santos populares” ejercen sobre multitudes que se identifican con su pasado, y reciben un culto informal a cambio de “favores religiosos”.

Argentina es un país especialmente devoto. La empatía cultural por los personajes santificados se encuentra en todas las clases sociales. Los devotos y simpatizantes de figuras como el Gauchito Gil (Corrientes), la Difunta Correa (San Juan), el cura Brochero (Córdoba), Juan Bautista Vairoleto (Santa Fe-Mendoza), Gilda (Buenos Aires-Entre Ríos), hasta el mismo Rodrigo Bueno “El Potro cordobés”, entre otros. De todas estas figuras populares se ha dicho mucho y se conoce también del mismo modo.

Pero poco se sabe de la historia de Miguel Ángel Gaitán, el niño nacido el 9 de julio de 1966 en Banda Florida, a unos 3 kilómetros de Villa Unión, en La Rioja. Como tampoco mucho se sabe de cómo empieza a convertirse en una suerte de santo popular o “niño milagroso”. Pero es probable que haya empezado unos cinco años después de su muerte, el 24 de junio de 1967 cuando, al año de nacido, fue diagnosticado de meningitis.

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Foto: La familia Gaitán

Puede la fe transformar, por ejemplo, a un niño común en un “ángel milagroso”. Y hacer que lo visiten personas todos los días de distintas partes de Argentina y del mundo para pedirle milagros. A Miguel Ángel lo llenan de regalos, de cartas, de ropa, de promesas. Durante décadas, miles de devotos y simpatizantes le han rendido culto en su pequeña tumba, en la que permanece desde hace 50 años, visible a todo público, en el cementerio de Villa Unión.

Pero él no es una figura como aquellas que siguen los patrones de un modelo de santo popular. De hecho, todo lo que queda de Miguel Ángel es un cuerpo pequeño y arrugado, con la piel pegada a sus ínfimos huesos, en un ataúd cubierto con una tapa de vidrio. Ahí, en ese altar, los pobladores le muestran devoción y piden y prometen.

—Su piel parece un papelito pegado a sus huesitos— dice Cristina Gaitán, hermana de Miguel Ángel, al otro lado del teléfono.

Cristina nació dos años antes que Miguel Ángel, es la hermana número 11 de los 15 hijos que tuvieron Bernabé Gaitán y Argentina Neris Olguín (ambos fallecidos). De esos 15 hijos que tuvo el matrimonio, solo 9 sobrevivieron y Miguel Ángel era el número 12. Aunque Cristina no se acuerda muy bien cómo surgió la leyenda del “angelito milagroso”, dice que guarda viejos recuerdos de la primera vez que vio el cuerpo de su hermanito en el cementerio.

Yo habré tenido ocho o diez años más o menos, no recuerdo bien. Pero a esa edad me acuerdo que fuimo con mis hermanos a llevarle flores mi mamá no estaba y vimos que se había corrido la tapa y adentro había un “bebote”. Para nosotros era un “bebote”. Cuando volvimos a casa le comentamos a mamá de lo que habíamos visto. Entonces ella nos dijo: que cómo puede ser, que era un invento nuestro. Pero nosotros le insistimos en que era un “bebote”. Y estaba con el chupete todavía. Y recién ahí lo conocí a mi hermano, porque cuando él falleció yo era muy chica. Era un “bebote” y se le notaban los pelitos rubios, un castaño bien claro.

“Aunque la Iglesia Católica no acepte a estas figuras como santos, la etnogénesis de los santos populares no es muy diferentes a los santos tradicionales: que a través de las promesas o los milagros comienzan a ayudar a los hombres o a mediar entre hombres y dioses”.

Maximiliano Korstanje, antropólogo

Para la investigadora del CONICET y autora del libro sobre santos populares argentinos, “Cuerpos Resplandecientes”, María Rosa Lojo, un santo necesita un proceso generalmente muy prolongado, con presentación de declaraciones de testigos, además de una vida ejemplar por parte del candidato oficial de la iglesia, para ser canonizado: condición que los santos no canónicos no cumplen y por eso no llegan a ser canonizados por la iglesia católica.

“Estas dos condiciones rigen en el cumplimiento de una vida ejemplar en términos de la moral católica tradicional, y la prueba de los milagros producidos en una causa legalmente iniciada en el interior de la curia de la Iglesia católica”, son las razones que según la escritora, diferencian a un santo no canónico popular pero no oficial de aquellos que sí están admitidos en el panteón oficial de los santos católicos.

Por su parte, el antropólogo especializado en sociología de la religiosidad, Maximiliano Korstanje, dice: “Aunque la Iglesia Católica no acepte a estas figuras como santos, la etnogénesis de los santos populares no es muy diferentes a los santos tradicionales: que a través de las promesas o los milagros comienzan a ayudar a los hombres o a mediar entre hombres y dioses”.

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Desde el fallecimiento de Miguel Ángel hasta el día que Cristina vio su cadáver por primera vez, habrán transcurrido unos 5 o 6 años.

Ahí empezó la leyenda del ángel del milagro: luego de que por varias veces empezara a romperse los ladrillos que cubría el nicho en que estaba sepultada la tumba de Miguel Ángel, hasta volverse polvo. Y su pequeño cajón sobresalía a la superficie. Varias veces volvieron a construirlo, pero no pasaba mucho tiempo para que el cajoncito volviera a flotar.

—Mis padres siempre trataron de arreglar la tumba y el ataúd volvía a desenterrarse. No sé si solo se abría o alguien más lo hacía.

Después de varios intentos de reconstruir la tumba, la familia Gaitán decidió no volver a reconstruirla y dejar el ataúd afuera.

—Miguel Ángel no quería estar cubierto y mis padres le concedieron ese deseo— recuerda Cristina.

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Un ejemplo típico de santo popular es el más famoso de todos en la Argentina: el Gauchito Gil, un combatiente en la época todavía de las guerras civiles. Su nombre de pila, Antonio Mamerto Gil Núñez. Habría participado en la guerra de la Triple Alianza, donde después le tocaría ser reclutado a uno de los bandos al que él no pertenecía. Ahí es cuando recibiría una visión divina que le ordenaba dejar de combatir entre hermanos y desertar. Y se expuso a ser perseguido hasta que finalmente lo llevó a la muerte.
María Rosa Lojo asegura que los santos populares causan más sensación en la gente “porque son figuras que están enraizadas en la misma historia cultural nacional, que tienen un origen popular o bien han dedicado su vida al servicio de los pobres”. Y como ejemplo cita a Pancho Sierra, “un hombre estanciero, bien acomodado” o la Madre María que también era una mujer “acomodada de fortuna”; pero que se dedicaron al servicio, a la curación, al consuelo espiritual de todos y particularmente de los más necesitados. Estos dos personajes ni Pancho Sierra ni la madre María fueron canonizados por la iglesia católica.

“Estos actos los acercan indudablemente a los devotos —dice Lojo—. También hay Santos oficialmente canonizados por la iglesia, como San Cayetano, Ceferino Namuncurá o el cura Brochero, que ya son oficialmente santos de la iglesia católica. Todos pertenecen al pueblo realmente, en el sentido de que el pueblo se identifica con ellos”.

TAPA CUERPOS RESPL

Tapa del libro Cuerpos Resplandecientes de María Rosa Lojo.

Desde la mirada del antropólogo Korstanje, “los santos populares se centran dentro de la religiosidad popular para catalizar las necesidades humanas. La mayoría de ellos alcanzan el arquetipo de los héroes que mueren muy jóvenes en contextos de violencia policial o estatal, que tenían una carrera prometedora, o pertenecían a una clase excluida”. Los santos populares, antropológicamente, “son mediadores que manejan diversas promesas entre los hombres y Dios”.

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No hay mucha diferencia entre Miguel Ángel y los santos más populares. Su morfología es igual al héroe mítico que enaltece a las figuras religiosas. Quizá sea esa la cualidad por la que es considerado como el “angelito milagroso”, incluso por la iglesia de Villa Unión, liderada actualmente por el padre Miguel Frontera.

—Es muy aceptado Miguel Ángel por la iglesia de Villa Unión. Siempre fue invocado. Desde mi punto de vista —dice Cristina— puede convivir la devoción por miguel Ángel con la iglesia católica.

Las promesas que la gente le lleva a Miguel Ángel van desde alguna remera con que piden que se lo vista, juguetes, cuadernos, hasta cartas de agradecimiento y peticiones espirituales. La ropa que le llevan los devotos y algún que otro turista a Miguel Ángel—según sea el pedido— se le sobrepone sobre la que ya viste.

—Todos los juguetes que diariamente le están llevando se lo dona a las escuelas, a hospitales, a las iglesias, a los centro vecinales. En el día del niño, todos esos juguetes se los regala, nosotros no nos quedamos con nada— resalta Cristina Gaitán.

“Los santos populares no mueren porque sí, para el imaginario ellos tienen una razón de ser: ayudar a sus hermanos en sus miserias. Para eso, canalizan toda una serie de promesas y necesidades para congraciarse con su comunidad. Estos “promeseros” adquieren una naturaleza similar a las peregrinaciones”, garantiza Korstanje, que además de ser antropólogo es profesor del Depto de Ciencias Económicas Universidad de Palermo.
La empatía cultural con los santos populares, desde la mirada social y antropológica, ayudan a preservar la identidad de la cultura argentina. Lojo y Korstanje coinciden en que estos rituales han sobrevivido desde el siglo XIX, como es el ejemplo de la vigencia del Gauchito Gil, entre tantos más, lo prueban.

“No se fueron perdiendo en el tiempo —dice Lojo—, sino que más bien tienen nuevas formas, como la de Gilda: figuras carismática que vienen del mundo del espectáculo y la canción. Y enfatiza: “Gilda además tenía cualidades particulares: una relación empática con los niños, una sanadora mezcla de erotismo delicado, una voluptuosa cantante de bailanta”.

Y por su lado, Korstanje destaca que la identidad y la cultura no pueden subsistir sin la religión, y dice.

—Fijate que la palabra indoaria KULTUR da nacimiento a dos aspectos importantes CULTURA, CULTIVO Y CULTO. Nuestra economía, nuestras esperanzas dependen de la protección y la hospitalidad de los dioses, y de la misma forma en que tratamos a los extranjeros los dioses nos trataran en el último de nuestros viajes, la muerte.

Cuando Miguel Ángel falleció, el único médico del pueblo era un médico de confianza de la familia Gaitán, el Dr Carlos Rafael Villagra. Y según su diagnóstico profesional, Miguel Ángel murió de meningitis.

El 9 de julio, como cada año la familia le celebra el cumpleaños a Miguel Ángel, y este año se conmemoró el cumpleaños número 51 con misa en el cementerio de Villa Unión.

—Nuna se le celebró el aniversario de fallecimiento, siempre celebramos su natalicio— aclara Cristina.

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Periodista formado en Tea y Deportea. Elegí el periodismo como una manera de cumplir con aquello de: “querer cambiar el mundo”. Y descubrí el periodismo cuando entendí que las personas no son fuentes sino voces que deberían ser escuchadas. Creo en el periodismo que transforma, que hace el bien y que genera interés en querer entender ese mismo mundo. Creo que hay historias que deberían ser contadas y que no tienen el espacio. Creo en el periodismo con una mirada constructiva que también sepa escuchar la voz del lector y que invite a su participación. Creo en la búsqueda de ser mejor, no en la de ser el mejor. Colaboré en Diario Publicable, Blasting News, El Lado G, Verum News y Lamula. Lector. Devoto del café. Impaciente. Confiado. Hincha del más grande. Y más.