Mientras tanto

Luchar por la justicia climática en el mundo ya es toda una rebelión

Hay casi 900 procesos judiciales relacionados con el clima ya iniciados en 24 países. El dato proviene del Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas (UNEP). El número de ciudadanos que está recorriendo y recurriendo a los tribunales para que los responsables políticos tomen medidas efectivas capaces de detener los efectos -aparentemente ya irreversibles- que está produciendo el cambio climático en el planeta, aumenta cada mes. Lo vemos a diario en todo el mundo: temperaturas extremas con olas de frío o calor en invierno o verano, interminables períodos de sequía, inundaciones con efectos desastrosos, millones de campesinos africanos escapando de las consecuencias dejadas por el calentamiento climático en sus cultivos. El agricultor portugués Armando Ferrao Carvalho, la familia alemana Recktenwald propietaria de un hotel en una isla del Mar del Norte, ganaderos rumanos o campesinos italianos y franceses comparten un objetivo: todos ellos presentaron una demanda judicial ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea con sede en Luxemburgo, reclamando que ésta adopte metas más estrictas que las actuales para la disminución de dióxido de carbono.

Los procesos están financiados y respaldados por organizaciones no gubernamentales. El camino fue allanado por Urgenda, un grupo de ambientalistas holandeses que gracias a un dictámen de agosto del 2015, forzó al gobierno de La Haya a reducir los gases de efecto invernadero de un 17%, según lo establecido por una ley anterior, a una cota actual de 25%. Lo interesante de ese caso fue que “Urgenda” procesó contra un gobierno que, en sus actuaciones públicas, reconocía que deseaba, pero no podía, actuar con más rigor para proteger el clima debido a la presión que ejercían las multinacionales.

Existe también el precedente del pastor y guía de montaña peruano Saúl Luciano Lliuya, quien con el respaldo de su abogada alemana Roda Verheyen y la organización Germanwatch, lleva años batallando para obtener una decisión de “justicia climática mundial” por considerar que el calentamiento mundial está acelerando el deshielo de los glaciares andinos próximos a la ciudad de Huaraz. Lliuya lleva su causa adelante contra el gigante energético alemán RWE, a la que responsabiliza de causar los deshielos que, en caso de producir un desborde de sus aguas, amanezan con inundar a unas 50 mil familias. Su sonado caso se encuentras actualmente en proceso de verificación de pruebas para determinar si realmente existe el riesgo de inundación.

La realidad es que un creciente número de juristas internacionales está inclinando la balanza en favor de relacionar a la protección del clima y el medio ambiente como un problema que afecta a los derechos humanos fundamentales. Las masivas movilizaciones estudiantiles que desde principios de 2019 se vienen repitiendo en algunos países europeos demuestran que ahora también los alumnos secundarios han decidido hacerse cargo de su futuro. Decenas de miles de jóvenes han invadido estas semanas las calles de Bruselas, París o Ginebra en reclamo de medidas que impulsen sus reivindicaciones en favor de frenar el deterioro del clima. Últimamente han aparecido grupos a nivel internacional como el movimiento británico Extinction Rebellion, que con su reclamo para que los gobiernos adopten medidas políticas que reduzcan las emisiones de carbono a cero hasta el año 2025, están calando profundo en los estudiantes secundarios.

Está también el grupo de defensa ambiental The Climate Mobilization , que trabaja hacia una acción política a gran escala, y que en un informe de situación de 13 páginas asegura que la dimensión del problema climático es tal, que si de aquí a los próximos quince años no se adoptan medidas de urgencia, el planeta alcanzará una situación de “recalentamiento apocalíptico”. Su mensaje es contundente: dado que las advertencias de los científicos no están siendo escuchadas por los gobiernos, la sociedad civil es quien debe movilizarse y ejercer presión. L affaire du siecle, una iniciativa surgida durante la segunda mitad del 2018 en Francia, se ha convertido en la petición más popular en la historia de Francia. Más de dos millones de personas suscribieron este llamamiento en favor de la justicia climática exhortando al gobierno francés a respetar los compromisos que ya adoptó en favor del clima. La causa en favor de la ecología está despertando, por fin, en todo el mundo. Las buenas intenciones expresadas en las declaraciones políticas ya no alcanzan.

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Periodista. Autor del libro “JORGE: encuentros con alguien que no quería ser Papa”, biografía del papa Francisco editado en alemán. Nació en Argentina pero vivió la mayor parte de su vida en Alemania, donde trabajó durante muchos años para la Deutsche Welle, entre otros medios importantes de Europa. Trabajó como traductor e integró el departamento de medios de AFA (Asociación de Fútbol Argentino). Amante de la radio y de la cultura europea. Y aunque no le gusta que lo mencionen, obtuvo un Martín Fierro como mejor corresponsal de radio, cubriendo la caída del Muro de Berlín.