Cultura digital

El nuevo “cerebro periodístico” que ¿nos hacía falta?

El periodismo comienza apenas y trabajosamente a recuperar credibilidad debido a las numerosas deformaciones que proliferan como noticias falsas (fake news), y que muchos usuarios consumen como información periodística. Y ya se cierne sobre la profesión una nueva amenaza: el “robo periodismo”, también llamado periodismo algorítmico o periodismo automatizado. Sin embargo, esta vez el riesgo para los periodistas podría ser considerable, ya que los textos son de muy buena factura gramatical, redactados con variedad de datos y una terminología perfectamente adaptada. La inteligencia artificial, que tan velozmente se está desarrollando en tantos ámbitos para convertirse en el término predilecto del capitalismo en la era digital, está posibilitando notables cambios en la forma de escribir artículos periodísticos.

El primer experimento se remonta al 2014, cuando el matutino “Los Angeles Times”, pionero en la utilización del “robo periodismo”, construyó el llamado “Bot Quake” para enviar información que se actualiza al instante, sin intervención humana, toda vez que en la ciudad o en sus alrededores se detecte un terremoto. Ello es posible gracias a una conexión entre la redacción y el Servicio Geológico de los Estados Unidos. El diario “Washington Post” cuenta con un reportero robot denominado “Heliograf”, que el año pasado escribió más de 850 artículos.

El periodista alemán Alexander Fanta publicó el año pasado, por encargo del Instituto Reuters que alberga la universidad británica de Oxford, un trabajo titulado “El periodismo automatizado en las agencias europeas de prensa”. El estudio hace hincapié en que el “robo periodismo” es una realidad en las agencias noticiosas, donde diariamente se producen miles de notas sin ningún aporte humano por medio, y con frecuencia también sin ningún control. Los temas “preferidos” por el periodismo algorítmico están relacionados con las finanzas, los deportes, los informes trimestrales que divulgan las empresas y la meteorología; es decir información basada en buena parte en números y estadísticas.
El lector de esas notas, destaca Fanta en su trabajo, habitualmente no reconoce que el artículo fue escrito por una máquina, conocidas en la jerga como generación de lenguajes naturales (GLN). Un generador de lenguajes tiene acceso a un gran conjunto de conocimiento, del cual seleccionará la información requerida para que los usuarios puedan consumirla de la manera más clara. Se pretende que los textos automatizados sean una inteligente mezcla de programación semántica, datos bien estructurados, algoritmos súper desarrollados y una interfaz capaz de conducir al lector hacia otros artículos relacionados.

Si bien, por ahora, el “robo periodismo” se circunscribe básicamente a las tareas que poca gracia nos causan a la mayoría de los periodistas -como por ejemplo la elaboración de columnas y otras gráficas que sirvan de soporte estadístico a una información-, lo cierto es que la generación automática de textos atraviesa actualmente una coyuntura sumamente dinámica. Desde breves informes de partidos de fútbol, hasta la descripción de inmuebles puestos a la venta o para alquilar, estas máquinas GLN están desarrolladas para hacer su trabajo a la velocidad del rayo.
Por ahora, por suerte, la brillantez intelectual, la claridad de pensamiento o la capacidad de análisis no son precisamente características que distingan a los motores de texto. Tampoco de la inteligencia artificial, que podrá ganarle una partida a un campeón de ajedrez, más no sirve para colocar pasta dental sobre un cepillo de dientes.

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Periodista. Autor del libro “JORGE: encuentros con alguien que no quería ser Papa”, biografía del papa Francisco editado en alemán. Nació en Argentina pero vivió la mayor parte de su vida en Alemania, donde trabajó durante muchos años para la Deutsche Welle, entre otros medios importantes de Europa. Trabajó como traductor e integró el departamento de medios de AFA (Asociación de Fútbol Argentino). Amante de la radio y de la cultura europea. Y aunque no le gusta que lo mencionen, obtuvo un Martín Fierro como mejor corresponsal de radio, cubriendo la caída del Muro de Berlín.