Sebastián Chapu, un devoto del arte y de sus creencias en los extraterrestres.
Arte Historias

El tatuador marciano

No es muy grande: un monoambiente rectangular de paredes blancas con espejos, llena de fotos de tatuajes y pinturas extrañas -todas- iluminadas por una luz violeta; una puerta entreabierta; un prado; una vivienda. Es más que un estudio de tatuajes en pleno centro de Remedios de Escalada: es una casa a donde nadie llega por equivocación. Es el ínfimo fragmento de una vida: la vida de un tatuador marciano.

Ahí adentro, Sebastian Chapu escucha el timbre y va y abre la puerta con la naturalidad con la que se recibe en casa a un pariente. Sebastián es músico, fotógrafo, productor de cine, escultor, tatuador y, quizá, no por ser todo eso, sea un artista de otro planeta. En fin, es así como se llama su estudio: “Tattoos de otro planeta”.

Un artista es mucho más que un hombre que hace arte, es aquel que no tiene  límites. Y todo parece indicar que Sebastián no los tiene a la hora de aplicar su arte con sus creencias religiosas.

El exotismo que lleva la imaginación de Sebastián a lugares maravillosos, desconocidos -muchas veces-, está hecho de música, de películas, de pinturas, de fotografías, de libros y de todas las maneras de hacer arte. Pero también está hecho de las historias pintadas en la piel, que las relaciona con la metafísica y los viejos sistemas religiosos que encierran una visión del mundo.

Desde el 90 -cuando Sebastián dice, sin seguridad, haber tenido 16, pero es más seguro que haya tenido 19, por los 45 que ahora tiene-, ya sumergido en el mundo under y teniendo una banda de rock, se empezó a fanatizar, con ganas de psicópata, por los tatuajes, a tal punto que, se compró la maquinita para tatuarse, porque sabía que era muy costoso hacerse tatuajes en ese entonces. Tenía el criterio y el desempeño en el arte y optó por su primera idea: tatuarse a sí mismo.

  

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Sebastián en plena función de su arte en la cabeza de un cliente.

-Empecé a tatuarme yo mismo todo lo que ves en los brazos y la gran mayoría que tengo en las piernas. Y, después empezaron a venir clientes del mismo mundo en el que yo andaba: el mundo del rock- dice.

Y es verdad: está lleno de tatuajes y suena el timbre y la puerta cada tanto. Pero es otro tiempo donde todo el mundo se hace un tatuaje y luego dos y luego tres, hasta que terminan decorándose toda la piel. Pero, claro, ahora los tatuajes se asimilan mejor que en el 90.

Como toda cosa artística y no artística en la vida puede haber muchas maneras de encararla. Para Sebastián Chapu solo hay dos: ir a estudiar o dedicarse de lleno en eso que se quiere hacer. Él optó por la segunda.

-Si te dedicas a tatuar, yo te diría que se estudia porque lo tenés todo el día en la cabeza, y te ponés a mirar y a comparar-.

Menciona haberse comprado revistas que venían de afuera, y haberse desesperado por ver los tatuajes, en una época donde ni siquiera se podían ver demasiados, como ahora se ven en vivo.

– Yo aprendí agarrando las revistas con una lupa ‘grandota’ -recuerda-, mirando las fotos de cerca, tratando de distinguir como había hecho el artista para hacer tal y cual cosa.

-El artista nunca para de aprender o mejorar, siempre quiere agregar distintos estilos a la manera de trabajar-, manifiesta.

Sin embargo, Sebastián reconoce que el haber visto al conductor más reconocido de Argentina, Marcelo Tinelli, todo tatuado, como apareció, casi de un día para el otro, seguido de Messi y de otros jugadores de fútbol -que han apostado por tatuarse todo-, hizo un clic en el tatuaje mismo y en la sociedad argentina.  

Si bien está más de moda decorarse el cuerpo, él se queda en la disyuntiva de que se considere al tatuaje una moda y, elige decir que culturalmente la gente lo acepta más.

El tipo es sin duda, un grande en su oficio, alguien que quizá dialogue con sus fantasmas y demonios en pleno uso de su imaginación, capaz de hacer cruces en las diversas disciplinas del arte y relacionarlo con sus creencias en los extraterrestres. Lo que lo alimenta es la curiosidad, esa mirada inocente infantil que lo vuelve un hombre absurdo, cebado de las ideas materialistas de la sociedad que educa a cachetazos y borran de las personas todo lo espiritual. Con su intransigencia y tozudez con la que defiende su misión como humano en este planeta, plantea lo que para él muchos no han querido asimilar y que ahora recién tratan de hacerlo: la existencia de seres que se mueven en otra dimensión.

-Tirate tres noches seguidas: dos horas por noche mira al cielo y ves un ovni -seguro- en cualquier parte -promete.

Sebastián asegura que somos un jardín de infantes en el planeta tierra, que estamos en un periodo de cambio fuerte al que se lo puede llamar “La era de acuario”, en donde la humanidad empezará a tener una vida en cuarta dimensión con un nivel cognitivo más alto. En breve empezará a contar acerca de sus experiencias con ovnis y cómo las vuelca al arte de vivir.

Inició en 1992 entre viajes al Uritorco, asistiendo a charlas y tertulias para poder tener contacto telepático con algún ser de otro planeta, o de otra dimensión como el los suele llamar. Esa curiosidad con la que desempeña su oficio de artista es la que lo llevó a investigar a los extraterrestres. Durante muchos años vivió inquieto porque quería llegar a tener un contacto: que bajara un ovni para que se lo llevara a otro planeta. Pero un día entendió que no es así y aprendió a viajar en su interior. Se dio cuenta que estos seres tenían que ver con el budismo y con el hinduismo y con el judaísmo y con el cristianismo, pero bien entendidos-, aclara.

-Lo que dicen todas la religiones tienen relación con las cosas que dicen estos seres -sostiene-, lo importante es que escuches y creas.

El tatuador aprendió que todo tiene su tiempo, que cada humano en el mundo tiene un plan de vida. Y arriesga a decir que los extraterrestres crearon al ser humano, que “no los creó Dios directamente”, y el propósito: que trabajen para ellos.

Yo creo que somos seres del universo, no somos seres de la tierra. El alma está en muchos lugares, en todas las galaxias. La cantidad de vida es infinita. Por eso, ahora cuando nos sacamos el velo empezamos a ver la cantidad de seres que nos acompañan- garantiza Sebastián.

Hay un planeta que se llama Hercólubus o planeta X, que en internet aparece como un planeta ficticio, creado en la segunda mitad del siglo XX, que Varios astrólogos profetizaron que ese planeta se estaría acercando a la Tierra y sería el causante del fin del mundo, el 11 de agosto de 1999. Sebastián Chapu no es un astrólogo, pero tiene espíritu de medium, y como muchos, asegura, que ese planeta todavía se está acercando a la tierra y que sería la nueva era de la humanidad.

-Para entender esto tendríamos que entender primero que la muerte no existe, porque las almas siguen el camino en otro lado. Lo que sí nos falta aprender como humanidad es tener la conciencia de respetar al planeta Tierra. Eso es el paso final -aclara.

La noche empieza a caer como algunos clientes en el local mientras Sebastián habla de la espiritualidad y cómo aplica esa religión a su vida. Está seguro que su misión no es ir a trabajar por la plata, sino por la calidad humana. La clave de cada persona -dice- está en qué decisiones debe tomar: con las cosas que le dicta el corazón o con las lo que le obliga hacer la sociedad.

Es padre de una nena de siete años, a la que cuenta, no se atreve ni a preguntarle qué es lo que hará cuando sea grande, porque ni él cree saberlo. Se ha dedicado desde que ella nació a hacer rock para chicos. Con su nena canta y toca en hospitales, colegios, siempre con los niños.

-Yo me considero un niño porque tengo mucha más conexión con ellos que con la gente adulta; siempre estoy haciendo cosas de niños: si no estoy dibujando estoy pintando.

Uno puede imaginar a Sebastián Chapu, con sus rastas largas, como a un hombre errante a quien le gusta tatuar historias en la piel; la diferencia, claro, es su manera de ver la vida: sofisticada, compleja, con la que ve al arte de hacer tatuajes, que para él representan cosas de la vida. Por eso, cada dibujo que deja en la piel de una persona la captura con su cámara de fotos para volver a verlos, para el recuerdo.

-Yo digo que todo lo que uno se tatúa son cosas históricas que pasaron en su vida.

Incluso ahora estoy haciendo un programa de videos tratando eso que se llama: “Historias que viven en la piel”.

Podemos decir entonces que los tatuajes tienen una identidad, un idioma. Y Sebastián tiene su propia identidad y su propio idioma.

 [youtube https://www.youtube.com/watch?v=wwtIj4coxOY]

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Periodista formado en Tea y Deportea. Elegí el periodismo como una manera de cumplir con aquello de: “querer cambiar el mundo”. Y descubrí el periodismo cuando entendí que las personas no son fuentes sino voces que deberían ser escuchadas. Creo en el periodismo que transforma, que hace el bien y que genera interés en querer entender ese mismo mundo. Creo que hay historias que deberían ser contadas y que no tienen el espacio. Creo en el periodismo con una mirada constructiva que también sepa escuchar la voz del lector y que invite a su participación. Creo en la búsqueda de ser mejor, no en la de ser el mejor. Colaboré en Diario Publicable, Blasting News, El Lado G, Verum News y Lamula. Lector. Devoto del café. Impaciente. Confiado. Hincha del más grande. Y más.