Cultura digital Mientras tanto

Francia y España reconocen derechos laborales a los repartidores delivery

El concepto de “uberización” del trabajo, entendiendo por ello a actividades remuneradas de diversa índole que se realizan a través de plataformas digitales, y que en los últimos años crecieron de manera exponencial, va de la mano de la precariedad laboral. Tener como jefe a un algoritmo que le ordene a un repartidor cumplir un recorrido preciso en un tiempo predeterminado para que su pedido sea entregado en tiempo y forma, poca o ninguna relación guarda con la noción de economía colaborativa con la que alguna vez se asoció a la plataforma estadounidense del transporte Uber. Ser un motoclista o ciclista repartidor para una de las aplicaciones digitales de repartos de comida como Rappi, Glovo o Uber eats presentes también en Argentina, es gestionar entregas sin derecho a vacaciones, ni seguro social, ni bajas por enfermedad, ni posibilidad de ascenso o de capacitaciones profesionales; nada que ver con la imagen de libertad y flexibilidad que pregonan las plataformas.

Un repartidor de Deliveroo.

 

El día a día de un “rider”, como se los denomina en la jerga, no presenta el menor romanticismo. Cobran por entregas en función de la demanda. Algunas empresas desdoblan los honorarios dependiendo del medio de transporte (bici o moto), de la distancia, la franja horaria y las condiciones climáticas. No activarse durante los fines de semana, cuando mayor demanda de pedidos hay, supondrá recibir menor cantidad de entregas asignadas por parte de la aplicación.

 

¿Libres o precarizados?

El principal reclamo de los “riders” es ver dignificado su trabajo y que los juzgados laborales reconozcan su dependencia con el empleador -aunque éste responda a instrucciones que recibe de la inteligencia artificial- y que no sean vistos como colaboradores. Los tribunales del trabajo se hunden en demandas, particulares o grupales. En tal sentido, la más alta jurisdicción francesa -el tribunal de casación de París- reconoció el miércoles 28 de noviembre que un “rider” debe ser considerado como un asalariado, al constatar que un repartidor puede ser geolocalizado en tiempo real, y que la empresa -en este caso “Take Eat Easy”- puede incluso sancionar al “rider” por existir entre ambos un vínculo de subordinación.

El veredicto parisino va en línea con una sentencia de junio pasado del juzgado número 6 de lo social de la ciudad española de Valencia, cuando determinó que el demandante Víctor Sanchez en realidad era un asalariado laboral de la empresa británica de entrega rápida de comidas Deliveroo, y no un autónomo que prestaba servicios con una relación civil. La empresa revocó el recurso al que tenía derecho a principios de noviembre dando por válido el veredicto de la primera instancia. Ya son así dos los tribunales laborales que se expiden en esta materia, y es de esperar que estas sentencias hagan escuela siendo reconocidas en otras partes del mundo donde la precarización laboral siguiendo este modelo particular continúa estallando.

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Periodista. Autor del libro “JORGE: encuentros con alguien que no quería ser Papa”, biografía del papa Francisco editado en alemán. Nació en Argentina pero vivió la mayor parte de su vida en Alemania, donde trabajó durante muchos años para la Deutsche Welle, entre otros medios importantes de Europa. Trabajó como traductor e integró el departamento de medios de AFA (Asociación de Fútbol Argentino). Amante de la radio y de la cultura europea. Y aunque no le gusta que lo mencionen, obtuvo un Martín Fierro como mejor corresponsal de radio, cubriendo la caída del Muro de Berlín.