Sabor y sentimiento afroperuano
Historias Música

Gloria Quicaño, la embajadora del cajón peruano en Buenos Aires

Dicen los historiadores que los africanos, en condición de esclavos, trasladaron su sonido e idiosincrasia en cajones al Perú a partir del siglo XVI, que iniciaron sus primeras melodías en el arte de la percusión sobre una caja, una calabaza grande y hueca. Y los afroperuanos, con sus manos, los hicieron sonar. Los peruanos difundieron esa cultura en el mundo, como Gloria Quicaño, que trajo a la Argentina “la Fiesta del cajón peruano”.

Era 18 de mayo del 2010, el mismo día de su cumpleaños, cuando Gloria Quicaño desembarcaba en la Argentina. Creyó que solo era a modo de visita, ya que su madre y parte de su familia vivía en Buenos Aires. Lo pensó varias veces antes de quedarse a vivir en un país que no era el suyo, con otro clima y sobre todo con otras costumbres. Supo lo difícil que sería dedicarse a lo mismo que en su Perú natal, donde era extraccionista en un laboratorio clínico y promulgaba la música afroperuana. La música y la danza, el arte con el que desde muy niña incursionó y transitó lugares inesperados: cuando tenía 9 años ya formaba parte de un grupo de “Estampas Peruanas” en un “Centro Musical Victoria” y realizando así diversas presentaciones en Lima, la ciudad que la vio nacer. Empezó bailando y luego el mismo baile la fue llevando a la percusión.

“La danza está muy amarrada con la percusión. Como yo bailaba Festejo, creo que por ahí cerró la idea con el cajón. Pero antes no me dedicaba mucho a la música, porque trabajaba en el sector de la salud. Y repartía mi tiempo entre trabajar y hacer música”, recuerda Gloria Quicaño ocho años después de su llegada al país del tango.

Ya en Argentina, Gloria Quicaño empezó a tocar en peñas, restaurantes y eventos privados, acompañando a otros músicos, y de manera independiente. Llevó su cajón a las villas y barrios más humildes con la intención dedifundir la cultura peruana a los niños y a todo aquel que quiera y se interese. “Todos siempre se muestran interesados. He tenido el agrado de enseñar también a niños argentinos nativos y a hijos de peruanos nacidos acá”. El trabajo de Gloria empezaba a dar frutos y su popularidad se acrecentaba, así nacerán sus nuevos socios cajoneros.

 

En el último fin de semana de la edición número 44 de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, entre miles de actos y charlas de escritores, Gloria y un acompañante de percusión no necesitaron presentación, de hecho no la hubo. Empezaron a tocar sus cajones con fuerza y precisión y las personas se acercaron, algunas se movían tratando de seguir el compás de la música y otros solo disfrutaban mirando y degustando de la gastronomía peruana. Sus vestimentas y sus cajones son el símbolo de su identidad, como los colores de la bandera peruana: ella llevaba una vincha negra, un camisón blanco sin mangas y un pantalón rojo; su acompañante, pantalón negro y un pañuelo rojo en el cuello que hacía contraste con el blanco de su camisa.

Gloria Quicaño, aferrada a su pintoresco cajón blanco con una banda roja que atravesaba su tamaño, sonreía con cada golpe, con cada sonido, con cada movimiento. Declamó una frase que es casi célebre de su impronta, siempre la dice: “Cuando los cajones suenan, la tierra tiembla y los corazones laten de emoción. ¡Háblame cajón!”. Y dejó salir un ¡ah!: un grito seco de júbilo bien ostensible. Mientras quienes se acercaban por los stands del Pabellón Amarillo del predio de La Rural, quizás buscando literatura, no lo hicieron desapercibidos del contagioso ritmo de los cajones peruanos. Tampoco pasaron inadvertidas las copas de Pisco sour o del Suspiro a la limeña que un mozo repartía. Probablemente éstos sean dos de los cócteles más representativos que tiene Perú.

“El cajón es tan versátil que no se necesita de un estrado ni un micrófono para poder manifestarse, lo podemos hacer en cualquier parte, como lo hemos hecho acá”, nos diría Gloria luego de tocar y sacarse fotos con el esporádico público que seguía su recorrido por el predio. Luego saludó y posó para la foto junto al reciente Embajador peruano en Buenos Aires Peter Camino, quien se iría más tarde con una bolsa de libros.

En el Pabellón Amarillo estuvieron las mejores editoriales independientes y, Estruendomudo, es una de ellas: un sello peruano que fue impulsado por jóvenes universitarios, y de la mano de su editor general Álvaro Lasso, dijo presente en la Feria de Buenos Aires, el acontecimiento cultural más importante de América Latina a la que visitaron 1.180.000 personas, apenas un 1% inferior si se compara con las visitas que tuvo la Feria en 2017.

Gloria Quicaño junto a su acompañante, el Embajador peruano Peter Camino y el editor de Estruendomudo Álvaro Lasso/ Foto: JQRPhotography

Este año, “La Feria del Cajón Peruano” en la Argentina empezó el 15 de abril con diferentes encuentros cada semana en distintos puntos de Buenos Aires y estará hasta el 31 de mayo, con talleres gratuitos.
“Hemos visitado Pilar, vamos a estar en Berisso y La Plata. También estamos visitando villas donde hay muchos niños de padres peruanos nacidos en Argentina. Es muy importante que ellos tengan el conocimiento de este instrumento y sepan que es peruano, porque a veces se cree que el cajón es flamenco. Entonces, una de las tareas que tengo es que como peruanos le demos el valor al cajón, que además ha sido declarado patrimonio cultural del Perú y por la OEA, instrumento para las Américas”.
Es verdad que es imposible no asociar el cajón peruano a la música flamenca. Pero también es verdad que desde el momento en que el cajón fue incorporado al flamenco, comenzó su expansión por el mundo. Fue en una gira de Paco de Lucía por Sudamérica. El guitarrista y compositor español llegó a Lima con su sexteto y el embajador de su país organizó una recepción en su honor, a la que invitó a Chabuca Granda. Chabuca llevó a ‘Caitro’ Soto, cantautor afroperuano.
Caitro tocó el cajón y Paco de Lucía quedó enamorado. Sacó su guitarra, lo acompañó y se dio cuenta de que “esa era la percusión del flamenco” —que había sido interpretado hasta entonces con palmas o bongos y congas—, como contaría años después. Y le compró el cajón, por el equivalente a 12 mil pesetas.

En noviembre del 2017 se estableció que el 2 de agosto de cada año se celebre el “Día del Cajón Peruano”. El proyecto se aprobó por unanimidad en el Congreso del Perú, con el objetivo de revalorar el cajón como patrimonio cultural del país. Y se eligió el 2 de agosto, porque en esa fecha en 2001 fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación.

El trabajo de Gloria Quicaño con la música afroperuana es inmensurable. Desde hace 20 años ha recorrido dentro del Perú muchas provincias promoviendo el ritmo afro, lo hace del mismo modo en la Argentina. Además recorrió recorrió Uruguay, Chile, México y Cuba.
Hace seis años por fin el sueño se le dio: fundó “Sabor y sentimiento afroperuano”. Para ella, “Sabor y sentimiento afroperuano” es un sueño hecho realidad, es expresarle sus sentimientos a su país. “La agrupación Sabor y sentimiento afroperuano consiste un poco en trasladar todas las danzas de la Costa, Sierra y Selva del Perú, haciendo un poco de teatro, reforzando de alguna manera el mensaje del compositor, como por ejemplo de Chabuca Granda con José Antonio y la ‘Flor de la canela’, escenificando en la tarima lo que expresan las letras de esas canciones. Nuestro trabajo es todo el año, y gracias al espacio que nos ha brindado el Consulado del Perú haremos talleres gratuitos”.

Desde pequeña, Gloria Quicaño se ha nutrido de variados géneros de la música, desde jazz, blues y salsa, hasta huayno, rock y cumbia. Para ella, todos los ritmos llevan percusión. Cuando eligió el cajón, ya encontraba en él un sonido conocido, como el sonido de un bombo que le era familiar y le “cayó a pelo”, como el juego de palabras en su jerga bien peruana. Agradezco —nombra Gloria— a maestros como Caitro Soto, quien vendió su cajón a Paco de Lucía y a Leonardo “Gigio” Parodi, uno de los percusionistas de la gran cantante peruana Eva Ayllón, porque con ellos aprendí. Ambos grandes irradiadores de la cultura del cajón peruano. A Gloria Quicaño no le hace falta tener color para sentir los ritmos de la música negra. Tengo ascendencia mestiza —dice—, de afro no tengo nada. Mi mamá es de Cusco; mi papá, de Ayacucho. Y es un poco curioso ver a una persona, como le dicen los limeños, “chola” haciendo música afroperuana. “El cajón llegó a mí como una especie de terapia, siempre lo cuento. Estaba atravesando una etapa muy penosa de mi vida en la que mis padres se separaban y un poco traté de canalizar eso con la música”.

El cajón fue también una forma de comunicación y resistencia de los esclavos frente a la fuerza dominante de los españoles. Gloria Quicaño también encontró en él una suerte a su necesidad de expresar su pasión por el sabor y el sentimiento afroperuano.

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Periodista formado en Tea y Deportea. Elegí el periodismo como una manera de cumplir con aquello de: “querer cambiar el mundo”. Y descubrí el periodismo cuando entendí que las personas no son fuentes sino voces que deberían ser escuchadas. Creo en el periodismo que transforma, que hace el bien y que genera interés en querer entender ese mismo mundo. Creo que hay historias que deberían ser contadas y que no tienen el espacio. Creo en el periodismo con una mirada constructiva que también sepa escuchar la voz del lector y que invite a su participación. Creo en la búsqueda de ser mejor, no en la de ser el mejor. Colaboré en Diario Publicable, Blasting News, El Lado G, Verum News y Lamula. Lector. Devoto del café. Impaciente. Confiado. Hincha del más grande. Y más.