Literatura

El honor perdido del Premio Nobel de Literatura

La Academia sueca admite que se filtró el nombre de ganadores del Nobel de Literatura

Placa en la entrada de la Academia Sueca. Crédito: Brett Ascarelli

El viernes 20 de abril, la Academia Sueca reconoció a través de un comunicado haberse equivocado en ignorar informes de acosos sexuales surgidos durante los últimos 20 años, y prometió mayor transparencia en sus acciones futuras. Pero lo más importante es el reconocimiento de que “la imagen del Premio Nobel de Literatura ha sufrido un gran daño debido a la atención que concitó la crisis que vive la Academia Sueca”.

La reacción llegó después de que en la víspera miles de personas, incluyendo políticos, protestaran frente al edificio de la honorable academia en Estocolmo, solicitando la dimisión de todos sus miembros ante el escándalo de sexismo y corrupción que estalló a principios de este mes, y que cuestionó seriamente una de las pocas vacas sagradas que existen en el mundo de la literatura, como es el Premio Nobel de Literatura.

La actual (como lo contamos anteriormente) no es la primera crisis que atraviesa la Academia Sueca. Dos de sus miembros la abandonaron en 1989, en señal de protesta porque la Academia no fue capaz de pronunciarse en contra de la condena a muerte dictada por el régimen iraní, después de distinguir con el Nobel de Literatura al escritor iraní Salman Rushdie por su libro “Los versos satánicos”. La Academia demoró 27 años en divulgar un comunicado distanciándose de aquél exhorto.

La concesión de los premios Nobel, que junto al diccionario de la lengua sueca es la principal función que tiene la Academia, históricamente estuvo rodeada de un cierto oscurantismo. Sus decisiones fueron muchas veces objetadas y motivo de virulentas críticas. Sus miembros son elegidos vitaliciamente, al igual que los papas o los reyes. Las acusaciones de corrupción, molestias sexuales y traiciones que se conocieron estos días afecta a una de las instituciones que, se creía hasta ahora, sería una de las más sólidas e incorruptibles en el ámbito internacional de la cultura. La ropa sucia que se lavó públicamente a través de los medios suecos contra algunos de los miembros de la Academia -que ya perdió a siete integrantes sobre un total de 18- tuvo ribetes sensacionalistas, desconocidos para los circumspectos suecos.

La única personalidad capaz de restituirle a la Academia Sueca su honor perdido es el Rey Carlos Gustavo XVI, quien de hecho es su protector principal. Próximamente, el monarca modificará los estatutos con el objetivo de que los miembros no tengan una obligatoriedad de pertenecer a la academia de por vida. La idea detrás de esta decisión no es otra que permitir una paulatina renovación y modernización de la institución.

Resta resolver el interrogante de si la concesión de un Premio Nobel de Literatura es un acto acorde con los tiempos que corren, y si Estocolmo, en la era digital, es la ciudad faro indicada desde la cual determinar quién deba recibirlo. Pero el aspecto -sin duda- más importante sería conocer, escándalo más, escándalo menos, la opinión que los propios escritores tienen de ese premio. Por lo pronto, dos de ellos que lo recibieron, nunca viajaron a la capital sueca a recogerlo en ese acto de tanta pompa que organiza la casa real: la austríaca Elfriede Jelinek en 2004, y el alemán Hermann Hesse en 1946.

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Redacción Notas Libres