Columna

Juego de niños

Cómo hubiera querido que mis maestros –aunque sea un par de veces– apostaran por los juegos, como método de aprendizaje en los primeros años. Quizá las clases habrían sido más divertidas. Quizá habría aprendido cosas que descubrí tarde y que aún voy descubriendo. Quizá no hubiera escrito este artículo

 

Dieciséis años atrás, una profesora dejó sin “recreo” a todo el salón, argumentando – con toda seguridad– “tenemos que avanzar clases”; ¡Cómo lo recuerdo!

Cómo podría haber dedicado tiempo al divertimento de los juegos para niños si dedicaba una excesiva parte de mi tiempo en las “aburridas” materias eclesiásticas nada mejor dicho que impartían en la escuela pública de hace más de 10 años y aunque quisiera aceptar que algo podría haber cambiado hoy, la realidad nos demuestra lo contrario.

Las órdenes, nada menos autoritarias, de las cinco horas al día y veinticinco a la semana se volvían interminables cuando solo había de contrapeso ese tercio de hora que se nos consumía entre el baño y la tienda: espacio al que terminamos llamando, seguramente –también como imposición, tiempo libre o, simplemente, recreo.

Pues claro, nuestros padres siempre creyeron, absurdamente o por su experiencia impositiva de sus padres, que mientras más horas dentro de un cuartel, más sabiondos seríamos los hijos. Nada de eso es cierto. Y, aunque tengamos que irnos tan lejos, Finlandia lo ha demostrado. Sí, ese país de tan solo un poco más de 5 millones de habitantes, ha encontrado una nueva forma de enseñar y, con mucha fortuna en la práctica, no le ha ido tan mal.

La base quizá de su trasformación fue en primera línea, invertir masiva y centralizadamente en educación. Todo comienza con una medida política que, acompañado de una mirada renovadora de todo estamento comprendido dentro de la educación (maestros y alumnos) ha cambiado la forma de aprender y, con ello, desarrollar niños y adolescentes más alegres. Lo conlleva, sin duda, la aprehensión de la agudeza para resolver problemas.

Uno de esas estrategias comprendidas como base fundamental del desarrollo escolar es el espacio recreativo, columna vertebral de un pre adolescente que necesita explorar la realidad mediante los tropiezos y las carcajadas. Quizá para los occidentales más tradicionales siempre ha sonado descabellado esa estrategia, pero los resultados en Finlandia como en los países asiáticos, seguidores del país nórdico, han tumbado ese tabú acarreado por siglos.

Cómo hubiera querido que mis maestros aunque sea un par de veces apostaran por los juegos, como método de aprendizaje en los primeros años. Quizá las clases habrían sido más divertidas. Quizá habría aprendido cosas que descubrí tarde y que aún voy descubriendo. Quizá no hubiera escrito este artículo.

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Estudiante de periodismo de la Universidad de San Marcos de Lima (UNMSM). El periodismo para mí no solo es una carrera, es un modo de vida, es un medio para llegar a un conocimiento más amplio de la realidad. En el 2016 fundamos con algunos amigos, Exprésate Comu, un grupo estudiantil de Comunicación Social en la UNMSM. Asumí el cargo de presidente del Club de radio San Marcos –2016. Participé del VI Congreso Nacional de Juventudes en Perú. He sido organizador del Primer Encuentro Internacional de Comunicadores. Amante de la expresión cultural.