Columna

Cultura, la huérfana de los Estados nacionales

En Argentina estamos en torno del 0,3%, a más del doble de distancia de la Europa comunitaria aunque ligeramente mejor que España, cuyas inversiones culturales globales alcanzarán este año el 0,2% de su presupuesto nacional.

 

En Argentina, el ámbito de la cultura resultó este año un rubro beneficiado: el gobierno nacional le incrementó ligeramente su presupuesto. Si se mantiene la previsión inflacionaria del 15,7% para todo el 2018 – lo cual ya a esta altura parece irrealizable– el Ministerio de Cultura habrá obtenido para este año una partida un 1,2% superior en términos reales a la recibida en 2017. El Tesoro Nacional transfirió a esa cartera la suma de 4.480 millones 607.310 pesos; unos 222 millones de dólares al cambio actual para financiar al teatro, la música, las bibliotecas, el patrimonio cultural, la industria editorial, la presencia internacional o los museos que se encuentran bajo la órbita del Estado.

El Ministerio de Cultura mexicano también recibió porcentualmente mayores recursos: este año dispone de un 3% más que en 2017. Colombia redujo los fondos en un 2,8% respecto del año pasado. Así se presenta el panorama de la cultura “oficial” en los tres países hispanoparlantes más importantes de América Latina.

Del otro lado del Atlántico, un trabajo encomendado por la Comisión de Cultura del Parlamento Europeo, coordinado por los catalanes Pere Almeda, Albert Segarra y Marc Tataret pertenecientes a la Fundación Cataluña- Europa y presentado a fines de febrero, puso el foco sobre los gastos que cada estado miembro de la Europa comunitaria destinó a la cultura durante el período 2007-2015. Se trata del primer estudio en analizar el comportamiento de los gastos públicos culturales tras el inicio de la profunda crisis económica que debieron soportar las sociedades europeas, con fuertes caídas en el crecimiento de muchas economías, y en algunos casos aumentos rampantes del desempleo.  

Solo dos de los quince países estudiados redujeron las partidas:  Grecia y Portugal. Pero la crisis dejó otra clase de secuelas, porque la brecha en el nivel de gastos entre las naciones escandinavas, Alemania, Francia, Bélgica y Países Bajos por un lado, y Portugal, España, Grecia e Italia, por el otro, alcanzó un impresionante ciento veintiocho por ciento. En especial esos dos últimos países, considerados cunas universales de la cultura y la filosofía, quedaron aún más relegados de lo que ya se encontraban antes del estallido de la crisis. En España, los gastos per cápita que los gobiernos destinaron a la cultura y sus actividades afines cayeron durante aquellos ochos años en un 36%, echando por tierra al boom cultural de los años precedentes. En Portugal, los ahorros en el ámbito de la cultura acumularon, en ocho años, un 40%. Otros países vieron incrementados sus presupuestos culturales en plena crisis. Fue el caso de Hungría y Eslovaquia (+ 40%). Algo menores fueron los aumentos en Países Bajos, Eslovenia y Suecia. En líneas generales, los gobiernos de los países del Este europeo optaron por aumentar las partidas destinadas a la cultura.

La Comunidad Europea, que no debe confundirse con los estados nacionales, distribuye actualmente el 0,71% de su presupuesto global (PBI) para actividades culturales de toda índole entre los 28 estados miembros. En Argentina estamos en torno del 0,3%, a más del doble de distancia de la Europa comunitaria aunque ligeramente mejor que España, cuyas inversiones culturales globales alcanzarán este año el 0,2% de su presupuesto nacional.

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Periodista. Autor del libro “JORGE: encuentros con alguien que no quería ser Papa”, biografía del papa Francisco editado en alemán. Nació en Argentina pero vivió la mayor parte de su vida en Alemania, donde trabajó durante muchos años para la Deutsche Welle, entre otros medios importantes de Europa. Trabajó como traductor e integró el departamento de medios de AFA (Asociación de Fútbol Argentino). Amante de la radio y de la cultura europea. Y aunque no le gusta que lo mencionen, obtuvo un Martín Fierro como mejor corresponsal de radio, cubriendo la caída del Muro de Berlín.