Ensayo Literatura

La verdad de las mentiras: somos la mentira que leemos

 

Las novelas son muestra de una realidad inventada y mentirosa. Mentirosa, porque guarda bajo un simbolismo oculto una verdad que solo puede ser entendida y adoptada como propia por el lector

 

La primera edición de La verdad de las mentiras sale a la luz en 1990, bajo la tutela de la editorial Seix Barral –consumida décadas antes por Grupo Planeta– con un recopilatorio de 26 ensayos. La obra ensayística de Mario Vargas Llosa nunca ha sido una actividad alejada a su vida literaria, concibe una gran cantidad de textos críticos en donde se puede apreciar sus dotes de ensayista y comentarista de los grandes sucesos históricos como de las grandes novelas que han sido distinguidos de su admiración y también a aquellas que han terminado por ser disueltas en la crítica más severa.

Vargas Llosa recoge en la primera edición de La verdad de las mentiras un análisis de 25 ensayos de los que –a su juicio– son en ese entonces las grandes novelas del siglo pasado. Asimismo, incluye un ensayo del cual se desprende el nombre del libro. Es, justamente, este ensayo el hilo conductor del análisis de las novelas posteriores. Tiempo y dedicación a la reflexión del ensayo, que ha sido materia de múltiples investigaciones, la entregaremos más adelante.

Si bien, luego de la primera edición, el libro fue reeditado en los años posteriores, recién en el 2002 sale una nueva edición con un cambio radical al aparecido en los inicios de los años noventa. La edición  del 2002 obedece –entre muchas cosas– al cambio de Casa Editorial que sufre el nobel de literatura en 1997. Pasando de Seix Barral a la editorial Alfaguara (perteneciente al sello Penguin Random House) A raíz de este cambio, se decide publicar nuevamente la obra, pero esta vez añadiéndole diez ensayos más, incluyendo un epílogo que es, igual que el prólogo, un ensayo magistral sobre la literatura.

En la edición con Alfaguara aparecen nuevo ensayos como: El corazón de las tinieblas, de J. Conrad; Nadja, de Breton; La condición humana, de Malraux; Siete cuentos góticos, de Dinesen; La granja de los animales, de Orwell, entre otros grandes de la literatura universal. Una de las críticas que se le ha hecho al libro –y reconocida por el autor– es la arbitraria elección de los textos. Los cuales, a su juicio, han marcado la pauta literaria en el siglo XX. Crítica que sin embargo no resta crédito al fondo del ensayo que es en sí un análisis de las obras narrativas en pro de la defensa de la ficción.

Al igual que La orgía perpetua, La tentación de lo imposible, El viaje a la ficción y La civilización del espectáculo, La verdad de las mentiras, es una muestra de la magistral prosa con la que el escritor peruano, demuestra una vez más su talento literario para, mediante el análisis crítico, lograr una reflexión en sus lectores sobre la importancia y necesaria presencia de la literatura en nuestra vidas.

Imagen: Mario Balderrama
Mario Balderrama

 

¿Son los textos literarios la copia fiel de una realidad contada? Para Vargas Llosa, la repuesta sería no. Y en esto habría que darle la razón. Los textos literarios están hechos de ficciones, de creaciones que nos envuelven en un mundo lejano de la realidad, aunque tengan como base inevitable la realidad misma. Y esto habría que entenderlo bien. Las ficciones –palabra clave– en La verdad de las mentiras es una cualidad inherente de los textos literarios. No se puede concebir la literatura sin la presencia de la ficción en ella. La ficción como sinónimo de invención es y será siempre el sumo creador del escritor.

¿Por qué la literatura no puede contar la realidad misma tal cual es? En primera instancia, porque es la expresión de una creación subjetiva. Los textos literarios usan el lenguaje escrito para dar vida a las historias, debido al uso del lenguaje, las formas de contar una misma historia son innumerables. Al punto tal, que el escritor al escoger por una de ellas, ya no puede ser una copia fiel de la realidad. Otro punto esencial para entender la literatura es la temporalidad de las historias: principio y fin es la línea coherente de toda historia. Una historia siempre tiene que tener un final. Bien, un final que puede dejar con la intriga, suspenso o en donde inevitablemente el punto final es preciso. Entender estas características que le ofrece la ficción como cualidad a la literatura es crucial para entenderla como tal.

Pero, ¿por qué nace la ficción? En este punto habría que analizar muy de cerca el postulado de Vargas Llosa sobre la relación de la literatura y la vida humana. Sus relaciones, sus contradicciones, sus emociones, sus inquietudes, sus sueños, están presentes en toda la historia universal. El hombre siempre ha existido bajo la sombra de la inconformidad, según el escritor peruano, esto es crucial  para entender el progreso del ser humano. Está claro que las inconformidades, la rebeldía ante lo establecido, los sueños posibles, las injusticias, han sido siempre el motor de la esperanza del ser humano por cambiar radicalmente su forma de vivir. Entender al ser humano en sus dolores, sus temores, sus emociones, sus juicios también es posible gracias a la literatura, aquella que es imperecedera al tiempo y que nos da a conocer, después de siglos, el pensamiento de hombres de otras épocas.

La literatura para la transformación de la vida

Decíamos, pues, que el ser humano es un ser inconforme con su entorno. Según Vargas Llosa, la literatura solo pudo haber nacido de ellos. De aquellas personas que no se contentan con la vida que llevan. Sino que buscan en la escritura, en los grandes textos, la creación de una vida que valga la pena vivir, o también, escribir todas aquellos sentimientos, contradicciones, sucesos que lo atormentan, que lo alejan de una vida feliz y que lo hacen un soñador, un espíritu rebelde. La ficción y con ella la literatura, son la fuente inacabable de muestra de inconformidad. Es el instrumento que nos aleja –o lo intenta al menos– de la resignación a la vida que se nos da.

“No se escriben novelas para contar la vida sino para transformarla, añadiéndole algo”.

   Mario Vargas Llosa

Las novelas no son meras creaciones idealistas o imaginarias de sucesos que les ocurren a las personas porque sí, son sobre todo creación de mundos, sucesos, personajes que inventamos para sopesar aquello que no existe. Para volver –sin duda– la vida más llevadera. Que sería el mundo bajo la resignación de lo que simplemente se nos ha dado. Se viviría en la pasividad total, en el estoicismo radical, en la inactividad. Justamente, contra eso aparece la literatura para darnos el poder de poner a disposición de nosotros mismos –aunque no nos demos cuenta– de nuestra más importante cualidad como ser humano: la acción de pensar pero sobre todo, la de crear.

“No se escriben novelas para contar la vida sino para transformarla, añadiéndole algo”, nos dice Vargas Llosa. Y es cierto.  No se puede intentar escribir tal cual la historia apelando a una novela, para ello están los libros históricos. Las novelas –indiscutiblemente– son muestra de una realidad inventada, de una realidad construida y mentirosa. Mentirosa porque guarda bajo un simbolismo oculto una verdad que solo puede ser entendida cuando el lector cree que lo que el escritor ha escrito es verdad para él. Aquí la literatura se da en su máximo esplendor. Y aclaremos este punto, la literatura solo puede ser literatura si el lector adopta como suya la historia contada por el escritor. Ninguna novela nace por el simple hecho de ser escrita, la novela es un pacto que tiene su origen en las manos del lector, quien mediante la lectura y la comprensión del mundo allí contado –inventado- generan un pacto de verdad. Una verdad que ambos defenderán como si fuera la verdad misma, aunque en el fondo ambos saben que –lo que están leyendo o haya sido escrito– sea puramente un texto literario.

Decíamos líneas arriba que la ficción nos puede dar a conocer los pensamientos, ilusiones, sentimientos, incertidumbres, contradicciones de los hombres y mujeres de otros tiempos. Aquí un punto importante a recalcar es –indudablemente– la identificación importante del contexto en el cual está escrita una obra. Según el contexto, se puede entender que una ficción puede llegar a ser –según Balzac– “la historia privada de las naciones”. Aquellas historia que no se pudo escribir en un manuscrito oficial, que no pudo salir de las páginas de los gobiernos totalitarios, aquellas que no eran oídas, aquellas solo podían encontrar espacio en la literatura. Esto gracias a la verdad que ocultan estas grandes mentiras que son las ficciones.

A partir de este análisis podemos colegir que la literatura como fuente de inconformidad con lo establecido, es y siempre ha sido, un arma letal para los gobiernos totalitarios, las dictaduras y todo aquel gobierno que intenta silenciar a su pueblo y sumirlo en la ignorancia y pasividad profunda. Es por ese motivo que durante la implantación del virreinato en el Perú, los primeros dictadores disfrazados de virreyes, prohibían la reproducción, distribución y –sobre todo– lectura de ficción. Esto era prohibido. Solo podía leer aquellos libros que se les daba desde las instituciones gobernantes y de la Iglesia.

La verdad de las mentiras termina con un epílogo, escrito de manera magistral, clara y sencilla, que lleva por nombre: La literatura y la vida. En ella, el autor hace un llamado a las generaciones a tomar como actividad imprescindible a la literatura. Fuente de conocimiento y de una actitud inconforme que ha generado el progreso en la historia de la humanidad.

A raíz de este análisis, Proust diría: “La verdadera vida, la vida por fin esclarecida y descubierta, la única vida por tanto plenamente vivida, es la literatura”. Proust, describe muy bien, el efecto de la literatura como, aquella vida que deseamos y debido a que no podemos vivirla, la inventamos, solo así es posible vivirla. La ficción es la vía que tienen las personas para acercarse lo más posible a aquello que quieren ser, tener o vivir.

Ni siquiera la ciencia en sus siglos de desarrollo ha logrado una fórmula para mantener el conocimiento integral de las personas, todo lo contrario, ha derivado en la más severa especialización de los saberes. Esto ha producido la terrible incomunicación social. La literatura es, por tanto, todavía estandarte de una fórmula de llegar al conocimiento integral, general. Sin duda, un precursor milenario de la comunicación socializada, en donde confluyen todos los individuos sin distinción alguna.

La literatura es fundamental para nuestra vida, es fuente de cuestionamiento, nos abre los ojos ante las injusticias, nos hace pensar. “Toda buena literatura es un cuestionamiento radical del mundo en que vivimos” son -por tanto- “propagadores de inconformidad”.

Su injerencia en nuestra vida diaria tiene que ser constante, familiar y de disfrute. La literatura debe ser pan de cada día, actividad preciada e imprescindible. Solo así seremos más críticos, más inconformes, más valientes, más humanos.

 

✉ COMENTARIOS

LEAVE A RESPONSE

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Estudiante de periodismo de la Universidad de San Marcos de Lima (UNMSM). El periodismo para mí no solo es una carrera, es un modo de vida, es un medio para llegar a un conocimiento más amplio de la realidad. En el 2016 fundamos con algunos amigos, Exprésate Comu, un grupo estudiantil de Comunicación Social en la UNMSM. Asumí el cargo de presidente del Club de radio San Marcos –2016. Participé del VI Congreso Nacional de Juventudes en Perú. He sido organizador del Primer Encuentro Internacional de Comunicadores. Amante de la expresión cultural.