Mientras tanto

Cómo influyen los fenómenos migratorios sobre las culturas nacionales

Escáner detecta a un menor migrante dentro de una valija en la frontera que mantiene España con Marruecos. Foto: EFE

Las urbes latinoamericanas están transformando sus rostros y costumbres. San Pablo y Buenos Aires primero. Más tarde tocaría el turno de Lima y Bogotá, consecuencia del buen desempeño de sus economías, que continúan atrayendo migrantes. Fruto de los constantes movimientos migratorios que hace décadas se observan a nivel continental, cada comunidad incorpora a la nueva sociedad donde habrá de asentarse sus características, su cultura, sus habilidades, su gastronomía, su música y su particular manera de relacionarse con los locales, quienes los recibirán con mayor o menor entusiasmo. El “spanglish”, una lengua híbrida paralela muy difundida entre los 50 millones de personas que lo hablan en los Estados Unidos, es un ejemplo de los profundos cambios culturales de las que son capaces las migraciones.  Ese laboratorio idiomático en constante transformación que algunos lingüistas califican de “idioma mestizo”, es apenas uno de los muchos fenómenos culturales definitivamente enraizados en los Estados Unidos, el país con el mayor número de habitantes extranjeros, seguido por Alemania. Algo parecido había ocurrido un siglo atrás en Argentina con el nacimiento del lunfardo, dialecto surgido en Buenos Aires ala sombra de la inmigración italiana.

Por las dimensiones que alcanzó en un lapso breve de tres a cuatro años, superando, según estadísticas fiables, los más de tres millones de personas de las que actualmente más se está hablando en los medios latinoamericanos: la migración de venezolanos hacia Colombia, Perú, Ecuador, Argentina o Brasil. No mucho tiempo atrás, los flujos iban en la dirección contraria: eran colombianos huyendo hacia Venezuela como consecuencia de su guerra interna. Colombia tiene a 1,4 millones de ciudadanos viviendo fuera de América del Sur.

Hay países con una larga tradición migratoria como Perú. Es también el caso de México, el país latinoamericano de emigración más importante y segundo a escala mundial detrás de la India según datos que recoge la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Otros, como Bolivia y Paraguay son tradicionales exportadores de mano de obra hacia su vecino del Sur. Los flujos intrarregionales de migraciones se están diversificando: Colombia, Perú y Ecuador ahora reciben inmigrantes y se convirtieron en nuevos destinos, sin olvidar a Chile, que tan solo en 2017 recibió según cifras oficiales de la Policía de Investigaciones (PDI) a 104.782 haitianos y a 78.105 venezolanos más que en 2016.

Imagen: El Definido/ César Mejías

Unos 260 millones de personas viven actualmente fuera de su país de origen. Este número sufrirá un fuerte incremento durante los años venideros. Los devastadores efectos del cambio climático, que ya compite con la economía y la persecución política o religiosa como causa para las migraciones forzadas, impulsarán la emigración sobre todo de africanos subsaharianos desde las zonas rurales.  Hungría, Italia, Suecia, Estados Unidos, Israel y Colombia son países que han endurecido sus políticas migratorias, lo cual a su vez continúa transformando la narrativa y el relato oficial e incidiendo fuertemente sobre la cultura y los actores culturales en esos países.

Estados Unidos pretende levantar un muro en su frontera Sur, Israel ya lo ha hecho para aislarse de Palestina. Con este telón de fondo, las Naciones Unidas buscan arribar hasta finales del año en curso a un Pacto mundial sobre las migraciones que buscará incrementar la cooperación sobre las migraciones internacionales en todas sus dimensiones, pero no tendrá un carácter vinculante para los países signatarios.

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Periodista. Autor del libro “JORGE: encuentros con alguien que no quería ser Papa”, biografía del papa Francisco editado en alemán. Nació en Argentina pero vivió la mayor parte de su vida en Alemania, donde trabajó durante muchos años para la Deutsche Welle, entre otros medios importantes de Europa. Trabajó como traductor e integró el departamento de medios de AFA (Asociación de Fútbol Argentino). Amante de la radio y de la cultura europea. Y aunque no le gusta que lo mencionen, obtuvo un Martín Fierro como mejor corresponsal de radio, cubriendo la caída del Muro de Berlín.