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Música a la carta: el futuro ya llegó

 

El streaming de “playlists” del gusto de los usuarios al estilo de la exitosa plataforma sueca Spotify marca apenas el comienzo de una nueva tendencia. Los expertos en inteligencia artificial (IA) ya están trabajando sobre modelos de reconocimiento de nuestros estados anímicos, que sean capaces de proponernos música individualizada, ajustada a esos momentos. Música que, además, será compuesta por algún software especializado como AIVA o Amper Music, para que cada nota se adapte con precisión a ese instante de éxtasis, felicidad, contemplación, depresión, estrés o meditación profunda que atraviese a la persona.

La digitalización ha revolucionado al ámbito de la cultura; desde el arte y la literatura hasta el pensamiento, el cine y la televisión. Aún, antes de la irrupción del fenómeno mundial que es Netflix, el streaming musical ya era una rutina en los Estados Unidos, donde cerca del noventa por ciento de la población consume música a través de esta tecnología. Dos veces por semana las compañías de streaming configuran para sus usuarios propuestas escogidas por las fórmulas matemáticas que procesan nuestros comportamientos llamadas algoritmos. Las canciones incluidas en tales listas, también llamadas sistemas de recomendación, pueden ser grabaciones existentes, aunque también novedades que los programas de IA barren y seleccionan para los diferentes perfiles de público. Pero también podría tratarse de música compuesta por computadoras; una tendencia que lleva muchos años llevándose especialmente a cabo en el género de la música “chill out” o de relajación, y que año tras año continúa perfeccionándose en el marco de lo que se conoce como “creatividad artificial”.

 

¿Hacia dónde se dirigirá el futuro de la música?

La clave está en el desplazamiento de los mercados mundiales. La música clásica europea predominó durante décadas los gustos musicales. El siglo pasado, los estadounidenses dominaron los mercados musicales mundiales, a través, entre otras, de corrientes como el jazz, el rock o el pop. La próxima etapa, en cinco o diez años más se caracterizará, creen los expertos, por el dominio de los asiáticos en el ámbito de la música. Sucede que el péndulo se mueve siempre al compás de los núcleos donde se encuentre el mercado, que hace muchos años ya se posó sobre aquel continente (el asiático). Basta pensar que solamente en China el mercado más importante del streaming hay 120 millones de personas abonadas a una empresa de streaming de pago. La diferencia radica en que los chinos tienen hábitos de consumo musicales bien diferentes a los gustos occidentales.

Debe recordarse que los inventores del karaoke fueron los chinos, que adoran las aplicaciones musicales como “We sing“, donde cada cliente tiene la posibilidad de personalizar su propio “karaoke” a partir de un tema musical de su especial agrado y “competir” con la versión original.

Los algoritmos no solamente inciden sobre nuestras preferencias musicales. También influyen sobre las composiciones a través de computadoras que son capaces de traducir en lenguaje musical la voluntad creativa del compositor. Pero en el futuro, los algoritmos podrán aun más: tendrán la doble función de ejecutar y de aprender. La computadora dejará de ser exclusivamente una máquina reproductora de los estímulos que le brinde el compositor para transformarse en una máquina que con ayuda de la inteligencia artificial sea capaz de producir sonidos y melodías por sus propios medios. La empresa Amper Music de Nueva York, por ejemplo, recurre a la inteligencia artificial. Sus programas componen toda clase de música en base a las palabras clave que provea el cliente, y con sonidos que representen esas palabras. En la visión de sus fundadores, Amper Music querría convertirse en cinco, diez o quizás veinte años en un instrumento tecnológico que democratice la música y permita que cualquier individuo pueda componer sus propias músicas y dar rienda suelta a su creatividad en ese campo.

¿Cómo funciona? Se elige un género musical digamos jazz, se añade un estado de ánimo —ejemplo: la modorra matinal y finalmente la duración del tema musical deseado, y listo, está el cóctel que permitirá a Amper Music utilizando la inteligencia artificial componer un tema que refleje esos inputs en cuestión de segundos basándose en una inmensa colección de datos que reconoce diferentes patrones, los que a su vez están ordenados de acuerdo a diferentes estados anímicos. Así, los programas “saben” que la melancolía debe estar acompañada de música lenta, provista por las decenas de miles de partituras archivadas en su banco de datos.

¿Cómo sonará la música del futuro? Compositores y músicos llevan décadas intentando encontrar una respuesta a ese interrogante, y en cada época, el futuro tuvo sonidos diferentes. Pero nunca antes la música sufrió una revolución tan profunda como en nuestra era de la mano de internet, ya que consiguió liberarse de sus soportes físicos y estar omnipresente en nuestras vidas gracias al streaming. Sumado al hecho de que los algoritmos pueden adecuar la música que consumimos a nuestros estados de ánimo o a las actividades que estemos desarrollando. Aquí justamente radica el riesgo de cara al futuro: que los usuarios vean en la música solamente una suerte de regulador de sus estados anímicos.

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Periodista. Autor del libro “JORGE: encuentros con alguien que no quería ser Papa”, biografía del papa Francisco editado en alemán. Nació en Argentina pero vivió la mayor parte de su vida en Alemania, donde trabajó durante muchos años para la Deutsche Welle, entre otros medios importantes de Europa. Trabajó como traductor e integró el departamento de medios de AFA (Asociación de Fútbol Argentino). Amante de la radio y de la cultura europea. Y aunque no le gusta que lo mencionen, obtuvo un Martín Fierro como mejor corresponsal de radio, cubriendo la caída del Muro de Berlín.