Literatura

Salvemos el Premio Nobel de Literatura

El ritual es el mismo desde hace décadas: se repite todos los años el segundo jueves de octubre a las 13 en punto, hora local; la secretaria permanente de la Academia Sueca, Sara Danius, anuncia a la prensa internacional la decisión de sus 18 miembros, dando a conocer el nombre del galardonado con el Premio Nobel de Literatura. La coreografía de este acontecimiento está perfectamente estudiada, y viene repitiéndose según los mismos parámetros desde 1901. Existen pocas instituciones en el mundo que pueden competir con la inmaculada integridad de la venerada institución de Estocolmo. Sin embargo, en estas horas, la Academia Sueca se asemeja a un volcán en plena erupción.

Desde siempre se ha sabido de las tensiones internas entre los miembros de la Academia Sueca que anteceden a la elección de un Nobel de Literatura. Les cuesta sobremanera consensuar en torno de un escritor, y por ello, de vez en cuando, aparecen nombres de compromiso como en 2016 el del cantautor estadunidense Bob Dylan. El consenso llega cuando doce de sus dieciocho integrantes acompañan la decisión. Las discusiones y peleas internas han sido en algunos casos legendarias. Pero esta vez están superando todos los registros por un asunto ajeno a los méritos literarios de un escritor. El único que parece capaz de resolver el pleito es el mismísimo Rey Carlos Gustavo.

La situación tuvo una escalada el 5 de abril pasado, ocasión en la que los miembros de la Academia Sueca deliberaron acerca de un hecho hasta ahora sin precedentes: la expulsión de sus filas de la poetisa Katarina Frostenson, una de sus integrantes. Frostenson no solamente habría violado los códigos institucionales de ética revelándole a su marido, el fotógrafo francés Jean-Claude Arnault, el nombre del futuro ganador y éste, a su vez, adelantándolo a conocidos. Arnault estaría involucrado en nada menos que 18 casos de acoso sexual con mujeres del entorno de la Academia. Frostenson sería también socia de un club privado de arte que recibe subsidios de la Academia Sueca y pertenece a su esposo. La principal acusación que le formulan sus colegas a Frostenson es haber decidido acerca de subvenciones que indirectamente también la beneficiaron.

Frostenson seguirá perteneciendo a la Academia Sueca. El pasado 5 no fue posible reunir la cantidad de votos necesarios para apartarla. La decisión precipitó un día después el alejamiento temporal, mas no la renuncia de tres miembros de la Academia: los escritores Klas Östergren y Kjell Espmark y el historiador Peter Englund. Otros dos miembros permanentes llevan tiempo alejados por motivos personales de la Academia.

Durante el fin de semana se sumó al coro de los defraudados la escritora Sara Strindberg. Así las cosas. La honorable Academia Sueca cuenta actualmente con doce miembros permanentes, un número considerado demasiado reducido para adoptar decisiones soberanas. Ninguna de esas doce personalidades goza de un reconocimiento internacional y provienen del mundo de las letras. En cada uno de los casos se trata de funcionarios y profesores con mucho prestigio, a nivel nacional.

¿Qué hacer si el gremio con mayor reconocimiento mundial en el ámbito de las letras universales se encuentra envuelto en un escándalo que sacude su credibilidad y seriedad? No faltan quienes alzaron su voz promoviendo la idea de eliminar la concesión del Nobel de Literatura ante el desprestigio en que cayó la Academia. El caso ya está en manos del propio Rey Carlos Gustavo, quien discretamente intentará encontrarle una solución a un escándalo que amenaza con sacudir la imagen de todo un país y al mundo universal de las letras y la cultura.

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Periodista. Autor del libro “JORGE: encuentros con alguien que no quería ser Papa”, biografía del papa Francisco editado en alemán. Nació en Argentina pero vivió la mayor parte de su vida en Alemania, donde trabajó durante muchos años para la Deutsche Welle, entre otros medios importantes de Europa. Trabajó como traductor e integró el departamento de medios de AFA (Asociación de Fútbol Argentino). Amante de la radio y de la cultura europea. Y aunque no le gusta que lo mencionen, obtuvo un Martín Fierro como mejor corresponsal de radio, cubriendo la caída del Muro de Berlín.