Mientras tanto

Sentimientos (In)humanos

Un febril debate nacional atraviesa estos días a la sociedad francesa. El primer país en adoptar la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789 y en hacer suyos los principios de “libertad, igualdad y fraternidad”, actualmente se ve envuelto en una discusión que cuestiona los cimientos más representativos de su carácter humanista.

En un artículo recientemente publicado en el semanario “Le Nouvel Observateur”, el Premio Nobel de Literatura 2008 Gustave Le Clézio denunció no soportar que los migrantes sean clasificados entre quienes huyen de sus países por razones políticas y los que le escapan a la miseria. “Yo he sido uno de ellos”, revelaba Le Clézio, “cuando junto a mi hermano cruzamos Francia de la mano de mi madre para escapar de la guerra”. No éramos solicitantes de asilo; buscábamos un lugar donde sobrevivir”. “¿Acaso es menos grave morir de hambre, de desamparo o de abandono que bajo los golpes de un tirano?”

Las palabras del Nobel de Literatura nacido en Niza en 1940, de padre inglés y madre bretona, que vivió en la Isla Mauricio y fue elegido en 1994 como el más grande escritor vivo en lengua francesa, provocaron un tembladeral político. Sus comentarios acerca de que la política se convirtió en un “monstruo frío”, y que “las leyes y las reglamentaciones no tomen en cuenta el sentimiento humano” fueron, días más tarde, replicadas por el presidente Emmanuel Macron. “Existe una gran confusión entre los intelectuales”, señaló el mandatario francés desde Roma.

La cascada de intervenciones en defensa de Le Clézio no demoró en llegar. La Cruz Roja Francesa salió de su habitual reserva para posicionarse en el debate público exigiendo a través de su presidente Jean-Jacques Eledjam la necesidad de proteger, acompañar y decidir rápidamente acerca de la suerte de los migrantes. Desde las páginas del semanario de centro izquierda “Le Nouvel Observateur” el periodista Mathieu Aron denunció “el doble discurso de Emmanuel Macron sobre el derecho de asilo” Y la “hipocresía francesa con discursos humanistas por un lado, y políticas minimalistas por el otro”. Para Aron, con políticas tales “está en juego el honor de la República”.  

¿Francia maltrata a sus inmigrantes? Corinne Torre, jefa de misión en Francia de la organización humanitaria “Médicos sin Fronteras”, considera que los maltratos pueden ser de naturaleza diversa, sumándose al debate con la denuncia de que en la ciudad portuaria de Calais se utilizó, el año pasado, gases lacrimógenos contra grupos de inmigrantes. Francia, dijo Torre, no acoge a los migrantes que llegan a sus tierras; practica una política de reenviarlos a sus países de origen. En tal sentido, se muestra especialmente crítica hacia la política de reenviar a los menores de edad lo cual, dice Corinne Torre, constituye un acto de ilegalidad.

Las críticas no acallaron aquí. La organización Human Rights Watch Watch sacó a relucir un informe publicado el 26 de julio de 2017 bajo el título de “Es como vivir en el infierno” con acusaciones muy graves. Se afirma en el documento que miembros de la Compañía Republicana de Seguridad (CRS) utilizaron regularmente gas pimienta contra niños y adultos en los campamentos de refugiados de Calais, llegando a rociar con esos gases a los alimentos y el agua de mesa que se entregaba a los refugiados. El subprefecto de Calais Vincent Breton es citado en el informe rechazando categóricamente esas acusaciones. Debe decirse que la situación extrema que viven los inmigrantes instalados en Calais polariza el debate nacional por considerarse una situación particular, distinta a la que se vive en otras regiones de Francia. Existen unos 500 inmigrantes allí que se encuentran en tránsito hacia Gran Bretaña, que es el país al que anhelan llegar.

Hubo más voces que se sumaron. Por ejemplo, la del conocido escritor Yann Moix, quien a través de una carta abierta dirigida al presidente Macron, publicada por el diario parisino “Liberation”, se acusa a los funcionarios franceses de practicar violaciones a los derechos humanos contra “exiliados que no solamente son inocentes, sino inofensivos”.

Datos divulgados por el Ministerio del Interior Francés el pasado 16 de enero señalan que en 2017 hubo 100.412 solicitantes de asilo (17,1% más que en 2016), procedentes en su gran mayoría de Albania, Afganistán, Haití, Sudán y Guinea. De ellos, 19.141 fueron menores no acompañados. En cinco años, la capacidad en los campamentos de recepción de urgencia para inmigrantes pasó de 34.000 a 84.000.

Ningún otro país europeo sufrió en los últimos años una crisis de identidad tan profunda como Francia.  La “gran nación” de antaño ha perdido mucho de su brillo. Es un país en estado de excepción, fruto de la gran cantidad de atentados terroristas sufridos en los pasados tres años, que se encuentra en un permanente proceso de transformación hacia un estado policíaco. Sus gobiernos fracasaron en integrar a los más de cinco millones de musulmanes que viven en las ciudades dormitorio; un número exorbitante a niveles nacionales y europeos, y que seguirá aumentando. Muy lentamente, la industria automotriz, aeronáutica y militar está recuperando su lugar en el mundo. Pero aun quedan traumas por resolver, como por ejemplo, el pasado colonial francés en Argelia y toda África.

Es en ese contexto, con el presidente más joven en la historia francesa como protagonista central, que se propuso la modernización completa del país, es que los cimientos que hacen a los valores más profundos de Francia también están siendo cuestionados.

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Periodista. Autor del libro “JORGE: encuentros con alguien que no quería ser Papa”, biografía del papa Francisco editado en alemán. Nació en Argentina pero vivió la mayor parte de su vida en Alemania, donde trabajó durante muchos años para la Deutsche Welle, entre otros medios importantes de Europa. Trabajó como traductor e integró el departamento de medios de AFA (Asociación de Fútbol Argentino). Amante de la radio y de la cultura europea. Y aunque no le gusta que lo mencionen, obtuvo un Martín Fierro como mejor corresponsal de radio, cubriendo la caída del Muro de Berlín.