Mientras tanto

Surgió en Francia un “objeto social no identificado”

Durante una de las manifestaciones de los chalecos amarillos

Foto: AFP

Lejos del entusiasmo que despertó hace año y medio la elección de Emmanuel Macron como presidente de Francia, la realidad a la que en estos días se enfrenta el mandatario más joven en la historia política francesa dista mucho de envidiable. Con los “chalecos amarillos“acaba de ver la luz un movimiento apolítico, inédito, sin líder ni portavoz ni un interlocutor reconocido, con una capacidad de convocatoria y de movilización notable, que está poniendo en jaque al gobierno y desnudando cómo se está canalizando en la actualidad la protesta social . Se trata de un movimiento de ciberprotesta, ya que las 300 mil personas espontáneamente autoconvocadas el sábado 17 de noviembre, que continuarán en estado de movilización aunque en menor número hasta el fin de semana, se organizaron a través de las redes sociales. En consecuencia, a las fuerzas del orden les resulta muy difícil anticiparse a estas acciones que se coordinan por internet.

Su protesta consiste en el bloqueo de autopistas, hipermercados, estaciones de peaje y plantas de refinación de petróleo buscando entorpecer la libre circulación de los automovilistas o camioneros, y está dirigida contra el aumento de los impuestos a los combustibles y el diésel pautada para principios del año entrante. Tales aumentos repercutirán en una nueva pérdida del poder adquisitivo que vienen sufriendo las clases interurbanas medias y medias bajas. En Argentina, estas mismas acciones de entorpecimiento del tráfico automotor se conocen bajo el nombre de piquetes.

La sociedad francesa, agobiada por una de las cargas impositivas más elevadas del mundo, no acierta aún a reconocer las raíces ideológicas si las hubiera— de los “chalecos amarillos”. Por lo pronto, se trata de un movimiento con un especial predicamento entre los habitantes de la Francia periférica, que aparece como la gran perdedora frente a la histórica supremacía de la Francia metropolitana. Se cuentan de a millones los franceses que viven en los suburbios de las metrópolis, en pueblos o ciudades de pequeña o mediana envergadura, que dependen para sus desplazamientos exclusivamente del automóvil, porque la red de transportes públicos es inexistente o insuficiente.

 Protesta de chalecos amarillos  Foto: AFP

Algunos observadores creen que detrás de este movimiento subyace un enfrentamiento no declarado entre los franceses del interior del país y el centralismo de la élite parisina que tradicionalmente gobierna al país. Por ahora resulta difícil aventurar hacia dónde evolucionarán los “chalecos amarillos”; si se trata de una explosión social con fecha de caducidad, o si es el germen de un movimiento que pueda evolucionar y gane cada vez mas simpatizantes. El poder político, por ahora, ha reaccionado con extrema cautela, porque entre las tantas incógnitas, también desconoce cuántos y quiénes integran este movimiento atípico, al que algunos ya calificaron como de “objeto social no identificado“. Existe el temor que entre los activistas, muchos de los cuales se sospecha que sean electores abstencionistas o votantes del partido “Front National” de la extrema derecha, haya suficiente potencial como para intentar una ruptura entre el pueblo francés y sus representantes.

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Periodista. Autor del libro “JORGE: encuentros con alguien que no quería ser Papa”, biografía del papa Francisco editado en alemán. Nació en Argentina pero vivió la mayor parte de su vida en Alemania, donde trabajó durante muchos años para la Deutsche Welle, entre otros medios importantes de Europa. Trabajó como traductor e integró el departamento de medios de AFA (Asociación de Fútbol Argentino). Amante de la radio y de la cultura europea. Y aunque no le gusta que lo mencionen, obtuvo un Martín Fierro como mejor corresponsal de radio, cubriendo la caída del Muro de Berlín.