Historias Música

Un hombre de música ligera y fuerza natural

El frenético ritmo de una vida agitada lo llevó a no poder despertar del sueño profundo, causado por un accidente cerebro vascular, minutos después de su última presentación con su gira “Fuerza Natural” en Caracas, Venezuela, en el campus de la Universidad Simón Bolívar. Aquel 15 de mayo de 2010 le marcaría un antes y un después a su vida. El hombre de la música ligera, un rebelde agradecido total de su público permaneció en estado de coma por más de 4 años.

Una mañana del 4 de septiembre de 2014, Gustavo Cerati, falleció como consecuencia de un paro respiratorio. El mago del rock en español pasó a la inmortalidad. “Todo se movió y es mejor quedarse quieto”, sonaba con una voz grave y lenta en “Me quedo aquí”, una de las canciones del album “Ahí vamos” que se oía en todas partes, mientras la ciudad de la furia vestía triste y enlutada.

La muerte lo abordó físicamente, pero un adiós no aceptado por muchos de sus seguidores hizo que él siga estando ahí, donde nadie lo ve y es parte de todos. Quizá no haya aprendido la lección de sus desvíos, y los excesos le cobraron la vida. Entonces, otro crimen quedará sin resolver, mas no quedarán lamentaciones, porque es una leyenda musical. Su descanso eterno es visitado en el panteón La Merced, dentro del cementerio de la Chacarita, donde familiares, amigos y fans se despidieron de él.
Tal vez hoy se encuentre afinando cuerdas de otro tipo de guitarras en cualquier estrella del universo.

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Gustavo Cerati

Un 11 de agosto de 1959 nacía Cerati en Buenos Aires, y más tarde, con poco más de 20 años, surgía minucioso con la música a inicios de los 80 con Soda Stéreo, la banda legendaria que fundó con Zeta Bosio y Charly Alberti. A Bosio lo unía una estrecha relación musical y de amistad desde la Universidad del Salvador, en la carrera de publicidad donde lo conoció.
Desde su infancia jugaba con las guitarras, y a los 14, ya formaba sus primeras bandas, con las que tocaba y daba recitales en pequeños bares de Buenos Aires. Los que lo recuerdan desde chico dicen que fue muy carismático. Cerati animaba las reuniones familiares, era el centro de atención cuando imitaba a Johnny Tedesco, -actor y cantante argentino, intérprete del rock en español-. Sus primeros rasgueos fueron de folklore, aunque él amaba el rock, otra de sus pasiones que alternaba con el dibujo y con el Racing Club de Avellaneda.

Sus vicios no solo pasaban por la demasía de la nicotina, además del trabajo, sino también por la música de Spineta, The Police, Queen, a quien luego homenajeó con su banda grabando una versión de “Someday one day” y The Beatles.

Desde su infancia desarrolló aquel amor por Nueva York, su ciudad favorita, tanto para trabajar como para pasar sus tiempos libres. Su madre, Lilian Clark, quien de su habitación alguna vez le sacó un disco de The Police y hasta llegó a romperlo, nunca se separó de la cama de su hijo mientras permanecía dormido como consecuencia de aquella aterradora enfermedad. Ella jamás se rindió, mantuvo hasta el último momento la esperanza de verlo despertar cuando pase el temblor.

Siempre estuvo rodeado de chicas finamente hermosas, como un seductor nato, así encontró el amor y se casó con la joven modelo de 17 años Cecilia Amenábar, a inicios de los 90. Años más tarde se divorció. A Amenábar le regaló un manuscrito con una canción, ella le dio dos hijos; Lisa y Benito, quienes después del ACV de su padre también esperaron una mejoría que al final no llegó.

Cerati, con sus distinguidos trajes y peinados raros, con los pelos revueltos en Soda Stéreo, quedaron atrás y, se despidió del bajista Zeta y el baterista Alberti en septiembre de 1997, en el estadio de River. Con aquel “Gracias totales” terminó la era “sodaesteriana” y empezó su carrera como solista, con su primer disco “Amor Amarillo”. Diez años después volvieron a relamerse juntos y ovacionados triplicando su convocatoria en toda Latinoamérica.

Volvió a su trabajo como solista y logró “Fuerza Natural”, su último disco. Fue amante de los perros y criaba un Border Collier de nombre ‘Jack’ junto a su última novia, la modelo Chloé Bello de 22 años.

Su lucha por dejar el tabaco siempre la perdió. Fumaba desde los 18 y hasta 40 cigarrillos por día. Hay quienes dicen que su único defecto fue el vicio por la vida, y por ende su canción preferida como solista era “vivo”. Lo cierto es que en su seguidilla de conciertos hacía siempre lo mismo: cantar, fumar y beber. El ganador de innumerables premios y reconocimientos por su música, amigo y recordado padre, querido y amado, compositor, guitarrista y cantor. Era famoso, un completo merecedor de homenajes e inspirador de canciones, un caballero del rock.

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Periodista formado en Tea y Deportea. Elegí el periodismo como una manera de cumplir con aquello de: “querer cambiar el mundo”. Y descubrí el periodismo cuando entendí que las personas no son fuentes sino voces que deberían ser escuchadas. Creo en el periodismo que transforma, que hace el bien y que genera interés en querer entender ese mismo mundo. Creo que hay historias que deberían ser contadas y que no tienen el espacio. Creo en el periodismo con una mirada constructiva que también sepa escuchar la voz del lector y que invite a su participación. Creo en la búsqueda de ser mejor, no en la de ser el mejor. Colaboré en Diario Publicable, Blasting News, El Lado G, Verum News y Lamula. Lector. Devoto del café. Impaciente. Confiado. Hincha del más grande. Y más.